Cuando la mayoría de los medios hablan del precio del petróleo, citan el Brent o el West Texas Intermediate (WTI). Son las referencias más conocidas, las que aparecen en los telediarios. Pero en este momento, esos dos indicadores están contando una historia muy incompleta, y quizás hasta engañosa, sobre lo que realmente está ocurriendo en los mercados energéticos globales.
Un mercado, muchos petróleos
Lo primero que hay que entender es que «el petróleo» no existe como producto único. Hay decenas de variedades, con distintas densidades, composiciones de azufre y características de refinado. Cada una tiene sus compradores, sus rutas logísticas y sus precios. El Brent refleja el crudo del Mar del Norte; el WTI, el de Texas y el Golfo de México. Cuando alguien dice «el petróleo está a 100 dólares», está hablando de esas referencias concretas, no del mercado global en su conjunto.
Y ahí está precisamente el problema.
El Estrecho de Ormuz y el verdadero choque
El conflicto en Oriente Medio ha provocado el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente un quinto de la producción mundial de petróleo. El impacto inmediato no se está reflejando de forma proporcional en el Brent o el WTI, sino en los crudos regionales que están directamente expuestos a esa disrupción.
El crudo de Omán, que se exporta desde puertos situados fuera del Estrecho, alcanzó esta semana un precio récord superior a los 173 dólares por barril según datos de LSEG. El crudo de Dubái también ha superado los niveles del famoso pico de 2008. Mientras tanto, el Brent ha retrocedido desde los casi 120 dólares de los primeros compases de la crisis hasta situarse algo por encima de los 115.
¿Por qué esta divergencia tan pronunciada?
La respuesta tiene mucho que ver con la geografía del consumo. China, India, Japón y Corea del Sur son los principales compradores del crudo que transita por el Estrecho de Ormuz. En conjunto, Asia importa alrededor de 11,2 millones de barriles diarios de crudo y 1,4 millones adicionales de productos refinados a través de esa vía marítima. Son los primeros en sufrir la escasez física, y los que están pagando primas desorbitadas por asegurarse suministros alternativos.
Un barco que sale de los países del Golfo tarda entre 10 y 15 días en llegar a Asia. Llegar a Europa por el Canal de Suez requiere entre 25 y 30 días, y hasta 45 si hay que rodear el Cabo de Buena Esperanza. Eso significa que el impacto de la disrupción golpea a Asia con semanas de antelación respecto a Europa o América. Los inventarios del Atlántico están actuando como colchón temporal, lo que mantiene artificialmente estable el Brent.
Una calma que puede ser engañosa
JPMorgan advierte en una nota reciente que esta divergencia es insostenible si el Estrecho no se reabre pronto. La aparente estabilidad del Brent y el WTI no refleja abundancia de oferta global: refleja un amortiguador temporal creado por inventarios regionales, la composición específica de esos benchmarks y las intervenciones de política energética, incluyendo posibles liberaciones de reservas estratégicas.
Los analistas del banco sostienen que si la situación se prolonga, el Brent y el WTI acabarán repriciándose al alza, cuando los inventarios del Atlántico se agoten y el mercado global tenga que equilibrarse a un nivel de oferta materialmente más ajustado.
Lo que nos dice el precio del crudo omaní
Los mercados de futuros sobre Brent a mayo incluyen en sus precios una expectativa de mayor oferta procedente de reservas estratégicas. Por eso no suben tanto. Pero el crudo de Omán o de Dubái se negocia en el mercado físico, inmediato, donde las refinerías asiáticas compiten desesperadamente por asegurarse los barriles que necesitan hoy. Esos precios no están amortiguados por expectativas futuras: reflejan la escasez pura y dura del presente.
Mirar únicamente el Brent para entender la crisis energética actual es como leer el termómetro del salón cuando el incendio está en la cocina. Los precios del crudo de Oriente Medio y Asia ya están en territorio de récord histórico. Si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado, esa temperatura acabará llegando al resto de la casa.
