No se esperan grandes novedades en la reunión que el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo celebra este jueves. La mayoría de los expertos coincide en que la institución optará por la prudencia, manteniendo los tipos de interés tal y como están. Lo más probable es que la tasa de depósito se quede en el 2% por quinto mes seguido, tras el recorte que vimos el pasado mes de junio.
En los mercados hay casi total seguridad (un 99% de probabilidad) de que el banco no moverá ficha. Ese 2% se considera ahora mismo un punto de equilibrio: permite que la economía respire y funcione a buen ritmo sin que los precios vuelvan a dispararse de forma peligrosa.
Al no tocar nada, el BCE guarda una carta bajo la manga por si las cosas se tuercen en el futuro. Adrià Morrón Salmerón, economista de CaixaBank, explica que el panorama actual tiene dos caras: por un lado, hay amenazas que podrían obligar a bajar los tipos para animar la economía y, por otro, riesgos que obligarían a subirlos para frenar los precios. Ante esta incertidumbre, el banco prefiere no precipitarse por pequeños cambios en las estadísticas y optar por la cautela.
Una economía que aguanta y una inflación a raya La decisión de dejar las cosas como están se apoya en que la economía europea da señales de estabilidad y la inflación parece haberse asentado cerca del 2%, que es la meta que siempre persigue el banco. Aunque algunos países crecen más rápido que otros, en general la situación es mejor de lo que muchos temían hace unos meses.
Desde MFS Investment Management señalan que el BCE está en modo «esperar y ver». Con la inflación bajo control y una economía que resiste, no hay prisa por cambiar de rumbo.
Optimismo en el empleo y el consumo Hay razones para ser positivos. Las bajadas de tipos anteriores ya se están notando en el día a día y el consumo se ve respaldado por un mercado laboral que aguanta bien. Además, los últimos datos de crecimiento han sido mejores de lo esperado: la economía subió un 0,3% cuando se esperaba que se quedara estancada.
Incluso factores externos, como el abaratamiento del gas y el petróleo, están ayudando a que las previsiones de precios sean más optimistas. No obstante, este escenario de mejora también hace que algunos miembros del BCE se vuelvan más estrictos, reforzando la idea de no tocar los tipos de momento.
Los peligros que no hay que perder de vista A pesar de las buenas sensaciones, no todo es un camino de rosas. Sigue habiendo nubarrones, como las tensiones comerciales con Estados Unidos y China o el aumento del gasto en defensa. También preocupan temas políticos, como la situación en Francia o posibles retrasos en las ayudas económicas de Alemania.
¿Qué pasará en 2026? Mirando a largo plazo, el mercado cree que los tipos seguirán en el 2% hasta bien entrado 2026. Solo si la economía sufriera un parón importante, el BCE se plantearía volver a bajarlos a principios del año que viene. Por ahora, el plan es mantener el rumbo y solo reaccionar si ocurre algo realmente grave que cambie las reglas del juego.
