La semana pasada leí un hilo en forocoches titulado «La RAM empieza a rivalizar con el precio de un COCHE» y adjuntaba la imagen con la que acompaño este artículo. Desgraciadamente no se trata de ninguna troleada ni ningún error en los precios, la cosa está así.
En el transcurso de unas pocas semanas, el mercado global de la memoria de acceso aleatorio dinámica (DRAM), un componente fundamental que impulsa todo, desde smartphones hasta los centros de datos de inteligencia artificial (IA) más avanzados, ha experimentado un encarecimiento sin precedentes. El catalizador de esta convulsión ha sido una serie de movimientos estratégicos de OpenAI, el líder en investigación de IA, cuyo efecto dominó ha puesto en alerta roja a toda la industria tecnológica.
El punto de inflexión se sitúa a principios de octubre de 2025, cuando OpenAI, bajo la dirección de Sam Altman, firmó simultáneamente dos acuerdos de suministro masivos y altamente confidenciales con los gigantes surcoreanos Samsungy SK Hynix. Estos dos fabricantes controlan en conjunto una cuota dominante del mercado de DRAM. El impacto de los acuerdos fue enorme: según estimaciones de la industria, la demanda asegurada por OpenAI en el marco de su ambicioso Proyecto Stargate, que busca consolidar su infraestructura de IA, podría equivaler a absorber cerca del 40% de la producción mundial de obleas de DRAM.
La clave de estos acuerdos no fue solo la magnitud, sino la sorpresa y el secretismo. Los proveedores no se informaron mutuamente del alcance total del compromiso de su contraparte con OpenAI. Esta operación quirúrgica, ejecutada con una discreción total, impidió que competidores directos y otros grandes consumidores (como hiperescaladores, fabricantes de PC y consolas) pudieran anticipar o contrarrestar la pérdida masiva de stock.
La tormenta perfecta: de la caída de precios a la escasez crítica
La reacción inmediata de la industria ante la noticia fue el pánico de compra. Ejecutivos y responsables de adquisiciones se lanzaron a asegurar cualquier inventario restante, temiendo un bloqueo prolongado del suministro. Este pánico se vio amplificado por una situación de mercado particularmente vulnerable, lo que creó una «tormenta perfecta» para la escasez:
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Ausencia de stock de seguridad: durante el verano de 2025, la incertidumbre en torno a los aranceles y la tendencia a la baja de los precios de la DRAM habían llevado a muchos fabricantes y minoristas a reducir deliberadamente sus pedidos de inventario de seguridad. La lógica de mercado dictaba esperar para comprar más barato, lo que dejó la cadena de suministro sin el colchón necesario.
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Equipo de fabricación paralizado: los principales fabricantes de Corea del Sur habían ralentizado la venta de equipos de fabricación de DRAM de generaciones anteriores a marcas secundarias (a menudo con vínculos con China) por miedo a represalias regulatorias de EE. UU. Esta paralización impidió la expansión orgánica de la capacidad de producción en el segmento de menor costo, reduciendo aún más la oferta global.
El resultado fue un aumento de precios vertiginoso. Por ejemplo, se documentaron incrementos superiores al 150% en kits de memoria DDR5 en menos de un mes, transformando la DRAM, una vez considerada una commodity, en un activo de alta volatilidad. Algunas estimaciones de la industria indican que los tiempos de espera para la entrega de pedidos de memoria para fabricantes de PC prediseñados se extendieron hasta 2026.
Acaparamiento estratégico: más allá de la necesidad inmediata
Un detalle que añade una capa de complejidad a la situación es el tipo de material adquirido por OpenAI. La empresa no se ha limitado a comprar módulos de memoria terminados (como barras de RAM o chips de memoria de gran ancho de banda, o HBM), sino obleas de silicio en bruto (wafers). Este formato le da un control total sobre cómo y cuándo se procesará esa memoria, ya sea para DDR5 o HBM, pero también sugiere que el objetivo principal de los acuerdos pudo haber sido retirar capacidad del mercado.
Al acaparar materia prima clave, OpenAI no solo asegura su propio futuro de escalamiento, sino que impone una escasez artificial a sus competidores, como Anthropic, Meta o Google. En la vertiginosa carrera por el liderazgo en la IA, donde la capacidad de entrenamiento y la infraestructura son la base del éxito, cortar el suministro de la «sangre vital» (la memoria DRAM) se convierte en una táctica de negocio de primer orden.
El impacto en la electrónica de consumo: ¿qué comprar ahora?
La crisis de la DRAM se propagará por el ecosistema tecnológico, afectando a múltiples categorías de hardware a medida que los inventarios se agoten. Este no es un problema temporal, sino un choque estructural que podría prolongarse por más de seis meses, dada la lentitud con la que se expande la capacidad de fabricación de semiconductores.
En este escenario, cualquier componente con un alto contenido de DRAM —especialmente SSD y RAM— debería ser comprado con antelación, ya que sus precios y disponibilidad están condenados a empeorar antes de mejorar. La única categoría que podría experimentar una ligera caída de precios son los procesadores (CPU) sin RAM, debido a una potencial caída en la demanda si los usuarios no pueden construir sistemas completos por la falta de memoria.
