«No cancelaría mi hipoteca si tengo 100.000€»

"No cancelaría mi hipoteca si tengo 100.000€" 1

Disponer de 100 000 € en el banco despierta el impulso natural de librarse de la hipoteca lo antes posible. Pero el inversor inmobiliario Jaime Gil desaconseja totalmente esta opción. Para él, esa cantidad debería ponerse a trabajar como herramienta, no usarse simplemente para eliminar una deuda

En lugar de amortizar, propone una jugada inteligente: mantener la hipoteca y usar esos 100 000 € como apalancamiento. Es decir, ir al banco con esa cantidad y preguntar cuánto más podrían prestar, duplicando el capital disponible y alcanzando 200 000 € para invertir

Con este capital, surge una oportunidad real: comprar dos inmuebles por 100 000 € cada uno en zonas con precios asequibles—como Valencia norte, Castellón sur, Toledo, Murcia o el interior de Alicante—zonas donde el potencial de rentabilidad todavía existe

La ventaja principal de este enfoque radica en la multiplicación del retorno: al invertir con deuda, se accede a activos que, si se revalorizan o generan ingresos de alquiler, pueden producir una rentabilidad mucho mayor que si solo trabajásemos con capital propio. Además, no comprometería la liquidez disponible, permitiendo seguir explorando nuevas oportunidades.

Pero claroscuros no faltan. Apalancarse conlleva riesgos reales: la posibilidad de que los precios caigan, dificultad para afrontar las cuotas si los ingresos por alquiler no cuadran, el incremento en los costes si suben los tipos de interés o la presión que supone manejar varias deudas a la vez

Según Gil, la clave está en adaptar esta estrategia al perfil del inversor. Para quienes empiezan, aconseja no complicarse: buscar inmuebles económicos (70 000–80 000 €) que solo requieran pequeñas reformas, sin superar los 90 000 € por unidad, para generar rentas de alquiler rápidas

Quienes tienen experiencia podrían elevar la apuesta: invertir cantidades modestas propias (20 000–30 000 €) y pie gráfico con financiación para llegar a tener cuatro propiedades, repartidas geográfica y temporalmente, y así diversificar riesgos. Los inversores expertos, según Gil, podrían incluso explorar estrategias como ‘fix and flip’ o la transformación de espacios, siempre con más habilidad para gestionar oportunidades complejas.

En definitiva, para Jaime Gil, la deuda no debe verse como una carga sino como un motor de crecimiento, siempre que se maneje con disciplina, análisis y control del riesgo. Y en el clima actual—dificultades para acceder a la vivienda, subida de precios, tipos de interés elevados—esta forma de inversión está ganando adeptos entre quienes buscan multiplicar su capital sin renunciar a liquidez.