Tras un año de recortes agresivos que han dejado el precio del dinero en el 2%, el Banco Central Europeo empieza anticipar un cambio de rumbo que podría llegar antes de lo que espera el mercado. Aunque los mensajes oficiales siguen siendo de prudencia, en los pasillos de Fráncfort ya se habla de tipos al alza a partir de finales de 2026.
En este punto, el BCE se mueve entre la incertidumbre inmediata y una hoja de ruta a medio plazo marcada por nuevos estímulos fiscales. El ajuste monetario de los últimos meses ha sido rápido y profundo: 200 puntos básicos de bajada en un año, con la inflación regresando progresivamente a niveles más controlados. Pero ni los halcones ni las palomas del Consejo de Gobierno creen que la relajación pueda prolongarse mucho más allá de 2025.
Los escenarios internos con los que trabajan varios representantes del BCE apuntan a una economía europea que volverá a acelerar a partir de 2026, en parte impulsada por un nuevo ciclo de gasto público. Las partidas presupuestarias dedicadas a defensa y grandes planes de inversión, como el ambicioso programa alemán de infraestructuras, podrían empujar la demanda justo cuando los tipos estén en su nivel más bajo. Y ese cóctel no encaja con una política monetaria expansiva.
No se espera otro ciclo agresivo como el de 2022-2023, pero sí una etapa de pequeños ajustes para mantener a raya las presiones inflacionistas. Algunos miembros del ala más dura consideran razonable devolver los tipos a la zona del 3%, mientras que los más prudentes sitúan ese umbral más cerca del 2%, lo que daría margen a subidas graduales y moderadas.
Por el momento, el escenario central con más respaldo es que el BCE realice, como mucho, una bajada más antes de que acabe el año. Esa será la última bala antes de abrir un periodo de estabilización, con movimientos condicionados al ritmo de los datos macroeconómicos. La consigna es clara: ni prisas ni compromisos. Cada decisión se tomará reunión a reunión.
El mensaje de Christine Lagarde en la última cumbre del BCE refleja ese planteamiento de flexibilidad. Con los tipos en el 2%, el Consejo de Gobierno considera que tiene suficiente margen para gestionar el entorno actual, siempre y cuando no aparezca un nuevo shock externo que obligue a recalibrar toda la política monetaria. Pero también hay conciencia de que mantener los tipos demasiado bajos durante demasiado tiempo podría generar nuevas tensiones inflacionarias a medio plazo.
El mercado, más escéptico, no anticipa subidas hasta 2027 y no cree que los tipos superen el 2,25% en ese nuevo ciclo. Las firmas de inversión más agresivas, como Franklin Templeton o BNP Paribas, empiezan a ajustar sus previsiones, recogiendo ya los primeros movimientos al alza dentro de dos años.
En cualquier caso, la narrativa en Fráncfort empieza a girar. Y aunque el precio del dinero aún puede bajar algo más, su suelo está cerca (y con ello, también el Euribor a 12 meses que lo parece haber encontrado en el 2%). A partir de ahí, el BCE entrará en una nueva etapa de política monetaria marcada por ajustes quirúrgicos en una economía con más gasto, más estímulos fiscales y más incertidumbre estructural.
Resulta curioso contrastar noticias, incluso en esta misma web.
Un día se dice que en la próxima reunión tal vez se vuelvan a bajar los tipos...
Unos días después se dice que para el año que viene subirán.
Y lo cierto es que no sabemos nada, hay tantas variables a tener en cuenta y tantos Cisnes Negros que solo Dios sabe cómo estaremos el año que viene...
Y, claro, con Trump a los mandos de la mayor economía del planeta, y dando los bandazos que va dando, y ya veremos por dónde nos sale en todo el tiempo que le queda de mandato, más un posible tercero, si se sale con la suya, pues...
En fin, no sé a vosotros, pero un Euribor cercano, o inferior, al 2% me viene bien...