Si encuentras casa, cómprala ya

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La decisión del Banco Central Europeo de recortar el tipo de interés al 2 % consolida un giro que ya lleva varios meses en marcha. Es la séptima bajada consecutiva desde que arrancó la fase de desinflación, y empieza a notarse tanto en el mercado interbancario como en la oferta hipotecaria. Este nuevo escenario empieza a perfilarse como una ventana de oportunidad para quienes planean comprar una vivienda.

El euríbor, aunque más lento de lo previsto, se mantiene en retroceso. Todo apunta a que caerá por debajo del 2 % en los próximos meses. Esa expectativa ya está empujando hacia abajo los precios de las hipotecas a tipo fijo, que se están convirtiendo en la opción preferida por quienes no quieren asumir riesgos. Hoy en día, firmar una variable en torno al 2,5 % con posibilidad de repunte en el futuro no parece atractivo para muchas familias. La aversión al riesgo, tras dos años de subidas de tipos, se impone.

La clave para las hipotecas fijas está en el IRS, el índice que utilizan los bancos para marcar precios en estos productos. Con el IRS a 15 años alrededor del 2,6 %, las entidades pueden ofrecer tipos medios en torno al 2,2 %. Es un rango que muchos expertos consideran razonable para fijar costes a largo plazo, especialmente si se compara con las condiciones que ofrecía el mercado hace apenas un año.

En este contexto, el consejo es claro: si se dispone de ahorros y se encuentra una vivienda que encaja, es buen momento para comprar. El comprador que ya ha hecho sus cuentas y tiene claras sus necesidades no debería esperar a una hipotética mejora de condiciones, porque puede que lo que baje en tipos se lo lleve la subida del precio del inmueble.

Y es que el otro efecto directo de los tipos bajos es el encarecimiento de la vivienda. Cuando la financiación es más barata, aumenta la demanda. Pero la oferta de viviendas no se mueve con la misma rapidez. Eso eleva los precios de venta y también los del alquiler. Esta tensión ya se está dejando notar especialmente en las grandes ciudades, donde cada punto menos en los tipos se traduce casi de inmediato en más competencia entre compradores.

Además, hay una diferencia notable respecto a otras etapas de tipos bajos: ahora es más fácil cambiar de banco, renegociar o mejorar condiciones gracias a la normativa que rige desde 2019. Eso aporta una flexibilidad que antes no existía, y que muchos compradores están empezando a aprovechar.

El tipo fijo vuelve a ser el rey del mercado, pero no por nostalgia sino por pura lógica financiera. Con niveles en torno al 2 %, fijar una cuota estable y previsible es más valioso que nunca.