Frank Eckard, CEO de la alemana Magnosphere, no da abasto. Su empresa, especializada en imanes industriales, ha recibido en las últimas semanas una avalancha de llamadas de fabricantes de coches y proveedores desesperados por conseguir suministros que están dispuestos a pagar cualquier precio. ¿La causa? Las nuevas restricciones a la exportación de tierras raras impuestas por China.
La industria automovilística vuelve a activar sus salas de crisis. Las tierras raras, un conjunto de minerales fundamentales para fabricar imanes de alto rendimiento, están sometidas a estrictos controles por parte del gobierno chino, que revisa una a una las solicitudes de exportación. Esto ha generado un cuello de botella que ya ha obligado a cerrar temporalmente plantas de proveedores europeos, según la patronal CLEPA.
La situación recuerda amargamente a los últimos grandes sobresaltos logísticos: la escasez de semiconductores entre 2021 y 2023 y el parón provocado por la pandemia en 2020. Pese a que esas crisis impulsaron estrategias para reforzar las cadenas de suministro, muchas empresas siguen dependiendo peligrosamente de China.
Actualmente, el gigante asiático controla el 70% de la minería mundial de tierras raras, el 85% del refinado y el 90% de la producción de imanes. Y aunque iniciativas como la Ley de Materias Primas Críticas de la UE buscan reducir esta dependencia, los avances son lentos y poco competitivos en precio.
Cada vehículo eléctrico contiene unos 500 gramos de tierras raras; un coche de combustión, la mitad. Los imanes que las incorporan son imprescindibles no solo para el motor, sino para decenas de componentes como altavoces, limpiaparabrisas, sensores y bombas de aceite. La interrupción del suministro puede detener cadenas enteras de montaje.
Algunas empresas ya trabajan en soluciones. El fabricante estadounidense Niron ha desarrollado imanes sin tierras raras y ha captado más de 250 millones de dólares de inversores como GM, Stellantis y Magna. Pero su planta no entrará en funcionamiento hasta 2029. Mientras tanto, proyectos europeos como el reciclaje de imanes de Heraeus apenas alcanzan el 1% de su capacidad, y podrían cerrar si no logran más ventas.
Los fabricantes intentan ganar tiempo. Mercedes-Benz está negociando con proveedores para crear reservas de tierras raras. Pero el tiempo apremia. Algunas compañías barajan incluso producir coches incompletos —sin ciertos componentes magnéticos— y almacenarlos hasta que lleguen las piezas necesarias. Una estrategia ya utilizada durante la crisis de los chips.
Más allá de los imanes, la advertencia es clara: China controla más del 50% de la oferta mundial de otras 19 materias primas clave, como el grafito, el manganeso o el aluminio. «Esto no es más que un aviso», resume Andy Leyland, experto en cadenas de suministro. Y el sector lo sabe.
