Montse Cespedosa no es una figura mediática habitual, pero entre expertos del sector financiero e inmobiliario su nombre resuena con fuerza. Asesora financiera con más de dos décadas de trayectoria, se ha consolidado como una de las voces más críticas —y escuchadas— en el análisis de los desequilibrios del mercado de la vivienda en España. Con un estilo directo y sin concesiones, Cespedosa ha convertido sus intervenciones en foros y pódcast en un altavoz incómodo para quienes prefieren mirar hacia otro lado ante una crisis que, según ella, “no es nueva, pero sí más aguda aquí que en otros países”.
En su reciente participación en el pódcast Worldcast, la experta lanza una sentencia rotunda: “Nos están tomando el pelo y nos estamos dejando tomar el pelo”. Su indignación se dirige a la inacción política, a la ausencia de reformas urbanísticas de calado y a la desaparición silenciosa de la vivienda pública como herramienta real de contención. Cespedosa no solo denuncia, también explica por qué el problema es estructural y qué medidas cree que podrían aliviarlo.
Uno de los ejes de su argumentario está en la baja densidad edificatoria del parque urbano español. “Tú viajas por el mundo y los edificios tienen 20 o 30 plantas. Aquí, la mayoría tienen 4, 5 o 6 como máximo”, dice, apuntando al urbanismo limitado como uno de los grandes cuellos de botella del acceso a la vivienda. Según ella, el suelo en España se infrautiliza y las normativas urbanísticas siguen ancladas en una lógica expansiva que ya no responde a la demanda real. Además, recuerda que el miedo heredado de la crisis de 2008 frenó en seco la promoción de nueva vivienda durante más de una década, generando un déficit estructural que sigue acumulándose.
Otro punto clave en su análisis es la desactivación del parque público. La asesora recuerda que buena parte de la vivienda de protección oficial construida en los años 80 ha dejado de serlo al expirar su régimen de protección. “Una vivienda pública tendría que ser pública toda su vida”, reclama. Que ese patrimonio se diluya y termine en el mercado libre es, a su juicio, un fracaso colectivo.
Critica también la falta de valentía política para abordar la situación con medidas concretas. “Vamos hablando dos años de crisis de vivienda… y no se hace nada”, afirma, poniendo como excepción el caso de Vigo, donde al menos se han anunciado plazos y actuaciones específicas. En cambio, tilda de fracaso la reciente Ley de Vivienda y lanza un mensaje claro: “Si ha sido un fracaso rotundo, zánjala”.
Quienes temen una nueva burbuja inmobiliaria encontrarán en Cespedosa una voz disonante. “No hay una burbuja, es imposible”, afirma con seguridad. Su argumento se apoya en la escasez crónica de vivienda: “Algo que escasea no puede caer”. La consecuencia, según ella, es un escenario de precios al alza que ha llegado para quedarse. En este contexto, la inversión inmobiliaria, lejos de perder atractivo, se consolida como valor refugio, sobre todo en zonas centrales de ciudades como Madrid o Barcelona. “Por mucha crisis inmobiliaria que haya, una vivienda en Manhattan te va a seguir costando lo que te tenga que costar. Aquí pasará igual”, concluye.
