La tregua arancelaria ofrecida en los últimos días por Donald Trump no ha sido suficiente para disipar las dudas que planean sobre los mercados. La volatilidad sigue muy presente y, a pesar de que en el corto plazo podríamos asistir a un «efecto V» típico de los episodios de pánico —una rápida recuperación tras una fuerte caída—, la prudencia sigue siendo el consejo más sensato para quienes manejan posiciones en renta variable.
El comportamiento errático del actual presidente de Estados Unidos ha reinstalado la incertidumbre en los parqués. No se trata únicamente de las amenazas comerciales, sino también del riesgo geopolítico que emana de decisiones imprevisibles. Mientras el primer mandato de Trump, centrado en rebajas fiscales y desregulación, mostraba un objetivo claro de favorecer el crecimiento empresarial, su nueva etapa parece mucho menos orientada y más difícil de anticipar para los mercados.
Hace apenas unas semanas, el contexto internacional era mucho más favorable para la bolsa. El crecimiento económico global se mantenía sólido, la Eurozona mostraba señales de recuperación después de varios trimestres de estancamiento, y la inflación moderada presagiaba nuevas bajadas de tipos, lo que apuntalaba unas condiciones financieras muy favorables. Además, la revolución tecnológica impulsada por la Inteligencia Artificial seguía elevando las perspectivas de beneficios empresariales, alimentando una narrativa de expansión sostenida.
Hoy, sin embargo, el escenario ha cambiado de forma abrupta. Las medidas de Trump, vistas desde la óptica económica, carecen de lógica estructural y añaden elementos de riesgo a un sistema financiero que aún digiere los efectos de años de política monetaria ultraexpansiva. La incertidumbre ha regresado, y con ella, la necesidad de recalibrar las estrategias de inversión.
En este nuevo contexto, aprovechar los rebotes técnicos de los mercados para reducir exposición a renta variable puede ser una opción prudente. No se trata de abandonar por completo los activos de riesgo, pero sí de ajustar las carteras a una fase donde la visibilidad es escasa y los riesgos, latentes.
Aun así, existen oportunidades selectivas. Las pequeñas y medianas compañías europeas, por ejemplo, podrían beneficiarse del nuevo ciclo de relajación monetaria en la eurozona, como demuestra la reciente bajada de tipos por parte del Banco Central Europeo. Asimismo, algunos mercados asiáticos, menos expuestos a las decisiones políticas de Washington, ofrecen alternativas interesantes para diversificar.
Respecto al Euribor tenemos las mismas interrogantes que con los mercados aunque seguimos con la esperanza de ver como pierde el 2% en los próximos días en donde previsiblemente se mantendrá en un canal lateral durante bastante tiempo.
