El FMI da una buena noticia a los hipotecados

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El Fondo Monetario Internacional ha puesto cifras a lo que hasta ahora era solo una expectativa en los mercados: recomienda al Banco Central Europeo (BCE) reducir los tipos de interés oficiales al 2% este verano y mantenerlos en ese nivel salvo que surjan “perturbaciones importantes”. Así lo ha asegurado Alfred Kammer, director del departamento del FMI para Europa, en el marco de las reuniones de primavera en Washington.

La recomendación llega en un momento delicado. El BCE ha ejecutado desde mediados de 2023 siete rebajas de 25 puntos básicos, situando el precio del dinero en el 2,25%. La presidenta de la institución, Christine Lagarde, ha dejado abierta la puerta a una nueva rebaja en la reunión de junio, aunque siempre supeditada a los datos de inflación y crecimiento que se conozcan hasta entonces.

El FMI valora que la inflación en la eurozona, tras un largo proceso de endurecimiento monetario, ya se encuentra cerca de los objetivos. Sin embargo, advierte que la normalización de la política monetaria debe ser «cautelosa», dado que las tensiones geopolíticas y la guerra comercial impulsada por Estados Unidos podrían provocar nuevos brotes de inflación. En este contexto, mantener los tipos en torno al 2% sería, según el organismo, una forma de dar estabilidad sin renunciar a flexibilidad.

El informe del FMI también refleja preocupación por la debilidad del crecimiento económico. La previsión de avance para la zona euro en 2024 se ha rebajado del 1% al 0,8%. Factores como el paquete alemán de infraestructuras de 500.000 millones de euros y el incremento del gasto en defensa en varios países han evitado una corrección aún mayor. Kammer estima que estas medidas podrían aportar entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales al PIB en 2025 y 2026.

La política fiscal, de hecho, se ha convertido en un punto de atención clave. El FMI insiste en que, salvo economías con bajo nivel de deuda, los países europeos deben priorizar la reconstrucción de márgenes fiscales y retomar cuanto antes trayectorias sostenibles de deuda pública. La tentación de extender la relajación presupuestaria puede ser fuerte, sobre todo en un entorno de gasto en defensa creciente, pero los riesgos a medio plazo son notables.

Otro de los mensajes relevantes lanzados desde Washington es el llamamiento a que la Unión Europea redoble su apuesta por la apertura comercial, especialmente en un momento en el que la rivalidad entre Estados Unidos y China puede alterar flujos globales. El FMI advierte que Europa podría verse afectada por un aumento de las importaciones chinas, equivalente a aproximadamente el 0,25% de su PIB, pero también señala que esta desviación comercial podría abaratar insumos para las empresas europeas.

Más allá de las urgencias coyunturales, el organismo prepara una serie de propuestas estructurales. Según Kammer, una mayor integración interna —movilidad laboral, un mercado de capitales unificado, un mercado eléctrico plenamente conectado— podría elevar el PIB europeo en un 3% en la próxima década. A esto se sumarían las ganancias de eficiencia procedentes de reformas nacionales para mejorar la formación de los trabajadores y la innovación, que podrían impulsar el PIB de las economías avanzadas en torno a un 5%.

Europa, en definitiva, no solo necesita gestionar con prudencia el actual entorno de tipos de interés y tensiones globales, sino también mirar a largo plazo y acometer transformaciones internas de calado si quiere sostener su crecimiento.