De 3 millones a 200 dólares: el desplome del tuit de Jack Dorsey

De 3 millones a 200 dólares: el desplome del tuit de Jack Dorsey 1

Hace cuatro años hablábamos aquí de alguien que había pagado más de un millón de euros por una parcela digital. También de aquel tuit de Jack Dorsey que se subastó como NFT por unos 2,9 millones de dólares. Parecía que todo esto iba a cambiar el mundo: los activos digitales únicos, la propiedad certificada en la blockchain, el futuro del arte y de los recuerdos digitales.

Pero hoy la historia pinta muy distinta.

Ese tuit que alguien compró por casi tres millones, en la última subasta apenas recibió ofertas que superaban los 200 dólares.  Y como ese, muchos otros casos que hace poco eran portada han quedado como curiosidades de una fiebre que ya pasó.

Las parcelas en juegos virtuales que se vendían como si fueran el nuevo Manhattan ahora apenas tienen mercado. Lo mismo ocurre con muchas colecciones de arte digital, que llegaron a mover cientos de millones y hoy en día sobreviven, en el mejor de los casos, como proyectos de nicho para un grupo reducido de fans o especuladores.

¿Qué ha pasado? Pues, básicamente, que se pinchó el globo. Como tantas veces en la historia, el entusiasmo inicial desbordó el sentido común. Todo lo que sonaba a NFT o metaverso se compraba sin mirar. Se hablaba de revoluciones, de cambiar para siempre la propiedad digital, de acabar con los intermediarios. Y sí, la tecnología sigue ahí, pero lo que ha desaparecido es el ruido.

Lo curioso es que muchas de esas promesas eran reales: los NFT permiten certificar la propiedad digital, y eso tiene utilidad. El problema fue convertirlo en una burbuja de especulación desatada donde valía más un dibujo de un mono con gorra que una casa real.

Hoy, el mercado de los NFT ha bajado tanto que muchos proyectos han desaparecido. Las grandes marcas que entraron en ese mundo (Nike, Adidas, Coca-Cola) han ido retirando discretamente sus iniciativas. Incluso Meta (antes Facebook), que apostó todo al metaverso, ha dado un paso atrás.

Pero esto no significa que los NFT hayan muerto. Significa que están buscando su sitio. Poco a poco, sin tanto titular, empiezan a usarse en cosas más prácticas: entradas digitales para conciertos, certificación de diplomas, objetos únicos en videojuegos más establecidos… Nada que suene a millonadas, pero cosas con sentido.

Al final, lo de los NFTs ha sido como cuando se descubre un nuevo material: primero todo el mundo lo quiere usar para todo, luego viene el batacazo, y más adelante se queda en aquellos sitios donde realmente es útil. Quizá la fiebre ya pasó, pero la idea de fondo sigue viva. Solo que ahora nadie paga millones por un tuit.