El Euríbor a 12 meses ceró marzo con una leve corrección a la baja, fijando su media mensual en el 2,398%. Aunque la cifra supone apenas un descenso respecto al 2,608% registrado en febrero, sí consolida la tendencia de alivio iniciada a comienzos de año y que se ha agudizado estos días marcando mínimos anuales en el 2,235%.
Este movimiento se produce en un contexto de incertidumbre sobre los próximos pasos del Banco Central Europeo (BCE), cuyas últimas actas han dejado entrever ciertas dudas sobre la conveniencia de un recorte de tipos tan pronto como abril. El motivo principal: la resistencia de los precios en el sector servicios, que siguen sin dar tregua. Este componente de la inflación, más vinculado a salarios y consumo interno, se está mostrando mucho más pegajoso que los bienes industriales o la energía, donde sí se han visto correcciones claras.
Sin embargo, hay matices. Las mencionadas declaraciones del BCE y las actas filtradas corresponden a fechas previas al llamado ‘Día de la Liberación’, cuando Estados Unidos anunció la imposición de aranceles del 20% a productos europeos. Aunque estas tasas no son uniformes ni las más altas en comparación con otras regiones afectadas, el golpe al comercio europeo podría ser suficiente para enfriar parte del crecimiento previsto en la eurozona.
Y ahí entra la paradoja monetaria: cuanto más se complique el panorama internacional, más fácil lo tiene el BCE para justificar un giro dovish —es decir, más acomodaticio— en su política. A esto se suma el dato de inflación subyacente de marzo en la eurozona, que ha sorprendido a la baja y añade leña al fuego de los que reclaman una bajada de tipos. El fortalecimiento reciente del euro frente al dólar también podría ayudar a reducir la presión inflacionista derivada de las importaciones.
Así, la probabilidad de que el organismo que preside Christine Lagarde se incline por una bajada de tipos este mismo mes de abril ha vuelto a ganar enteros. Si eso sucede, el Euríbor podría registrar nuevas caídas en las próximas semanas, lo que daría un respiro adicional a los hogares con hipotecas variables, especialmente los que revisan en abril o mayo.
Ahora bien, más allá del mes en curso, la hoja de ruta del BCE dependerá en buena medida de cómo se desarrollen las tensiones comerciales con Estados Unidos. Una respuesta contundente de la Unión Europea con medidas espejo podría reavivar la incertidumbre y encarecer las importaciones, especialmente energéticas, lo que forzaría al banco central a replantearse sus previsiones. Si, por el contrario, Bruselas opta por una postura más conciliadora, se despejaría el camino para una política monetaria más laxa.
En cualquier caso, con el pulso comercial todavía en fase incipiente y la inflación aún sin doblegar del todo, tanto los mercados como el BCE y, por supuesto, los millones de hipotecados a tipo variable, tendrán que seguir esperando… y observando.
