La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, no ha querido edulcorar sus palabras al hablar de la deriva proteccionista que se espera desde Washington. En una entrevista con la emisora irlandesa Newstalk, la máxima responsable del BCE ha dejado claro que si Estados Unidos sube la apuesta con nuevos aranceles, el golpe no se quedará dentro de sus fronteras: «Será negativo en todo el mundo», afirmó.
A pocas horas de que Donald Trump anuncie nuevas medidas comerciales —presumiblemente orientadas a penalizar las importaciones— el clima de incertidumbre se espesa. Aunque no se conocen los detalles, la idea de que el expresidente vuelva a empujar hacia una política de “Estados Unidos primero” genera inquietud entre los mercados y los principales organismos internacionales.
Lagarde ha puesto el foco en cómo este tipo de políticas afectan a la confianza global. No se trata solo del qué, sino del cómo y el cuánto. Según explicó, el impacto dependerá de varios factores: el tipo de productos afectados, el tiempo que duren las medidas y, sobre todo, si existe margen para la negociación. “Va a perturbar el mundo del comercio tal como lo conocemos”, resumió.
Y aunque reconoce que este tipo de tensiones acaban, muchas veces, forzando nuevas rondas de diálogo comercial, también advierte que el coste previo es alto. La incertidumbre frena las decisiones de inversión y puede hacer mella en el crecimiento mundial, incluso antes de que entren en vigor las medidas.
Este tipo de declaraciones no son gratuitas. Desde hace años, el BCE sigue con atención cualquier sacudida en el comercio internacional, consciente de que una guerra comercial no solo afecta a quienes se lanzan los dardos. Europa, con su modelo basado en la apertura de mercados y la exportación, tiene mucho que perder.
La inflación, todavía en el radar del BCE
Más allá del pulso global, Lagarde también ha querido referirse a la situación económica dentro de la eurozona. Asegura que el proceso de desinflación avanza, pero avisa: el objetivo todavía no está cumplido. “Queda trabajo por hacer”, dijo, en referencia a alcanzar de forma estable el 2% que el BCE considera como equilibrio saludable para los precios.
En sus palabras se percibe prudencia. Aunque el entorno inflacionario ha mejorado respecto a los picos que se vivieron tras la pandemia y la crisis energética, el BCE mantiene un enfoque cauteloso. Lagarde insiste en la necesidad de mirar a medio plazo, asumiendo que puede haber turbulencias en el camino, pero sin perder de vista la dirección.
