El preocupante pronóstico de Niño Becerra sobre el Euro digital

El preocupante pronóstico de Niño Becerra sobre el Euro digital 1

En medio de un clima de tensión económica —marcado por la inflación, la presión sobre las hipotecas y la subida constante de los precios de productos básicos—, muchos ciudadanos españoles observan con preocupación los cambios que se avecinan en la forma de gestionar su dinero. Uno de ellos lleva tiempo generando debate: la posible llegada del euro digital.

Este proyecto, liderado por el Banco Central Europeo, ha pasado relativamente desapercibido fuera de los círculos financieros. Sin embargo, su implantación podría suponer una transformación radical en la relación que los europeos tienen con su dinero. ¿Qué implica exactamente esta nueva versión del euro? ¿Y por qué algunos expertos alertan de sus consecuencias?

El economista Santiago Niño Becerra, una de las voces más escuchadas cuando se trata de anticipar tendencias económicas, ha sido claro al respecto: el euro digital no solo está en camino, sino que llegará antes de lo que imaginamos. Según explicó recientemente, su gran atractivo para los Estados reside en la posibilidad de rastrear con precisión el uso del dinero. Y aquí es donde empiezan las dudas.

“La privacidad desaparecerá”, advierte Becerra. Porque a diferencia del dinero en efectivo, las transacciones digitales dejan un rastro. Y con una moneda emitida directamente por el banco central, ese rastro estará directamente bajo la supervisión de las autoridades monetarias. ¿Podría usarse esa información para controlar el comportamiento financiero de los ciudadanos? Es la pregunta que muchos se hacen.

Estas inquietudes no son nuevas. Desde hace tiempo circulan teorías sobre si el Gobierno controla o puede llegar a controlar el gasto de los españoles a través de los pagos con tarjeta de crédito. Aunque no existe una base sólida que respalde esa idea, la sensación de vigilancia se ha instalado en parte de la población. La llegada del euro digital podría, para algunos, confirmar sus temores.

Pero no todo el mundo lo ve con malos ojos. El ministro José Luis Escrivá ha defendido con entusiasmo este proyecto, al que considera un paso clave para reforzar la soberanía europea. “¿Qué hay más importante en la identidad de Europa que la moneda?”, planteó recientemente en un acto público, destacando que contar con un euro digital gestionado por el BCE refuerza la confianza en el sistema.

Además, desde el punto de vista técnico, la moneda digital sería más eficiente, más barata de emitir y más fácil de manejar que el dinero físico. Pero esa eficiencia también podría tener un efecto colateral importante: el papel de los bancos comerciales. Según Niño Becerra, la implantación de este sistema podría reducir su relevancia hasta el punto de hacerlos desaparecer, ya que los ciudadanos podrían tener cuentas directamente en el BCE.

Este escenario, aunque aún hipotético, no es ciencia ficción. La digitalización de los pagos avanza a gran velocidad. Las tarjetas han dejado de ser una opción puntual para convertirse en el método más común de pago diario. Y con ellas, la trazabilidad del gasto ya es una realidad.

El euro digital sería el siguiente paso lógico… o, según algunos, el principio de una nueva etapa donde el dinero deje de ser anónimo.