Este truco financiero podría ayudarte a pagar menos intereses sin tocar tu hipoteca

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Pocas decisiones pesan tanto en la economía doméstica como la de firmar una hipoteca. Ante esa carga, no son pocos los que, en cuanto tienen un colchón de ahorro o reciben un ingreso extra, como una herencia o una paga extraordinaria, se plantean lo mismo: ¿y si adelanto parte de la hipoteca para quitármela cuanto antes?

El dilema empieza con los primeros ahorros

La idea de liberarse cuanto antes del préstamo es muy tentadora. No solo por los intereses que se dejan de pagar, sino por el alivio mental que supone saber que ya no se le debe nada al banco, hay muchos hipotecados que, más allá de cálculos financieros, no se sienten cómodos conviviendo con una deuda, lo ven como una losa y su prioridad es quitársela de encima cuanto antes.

Pero esa decisión, que suena tan lógica desde un punto de vista emocional, no siempre lo es desde una perspectiva financiera.

¿Pagar la hipoteca o invertir el dinero?

La clave está en comparar el coste del préstamo con la rentabilidad que podría obtenerse si ese dinero se destina a otra cosa. Si puedes lograr un rendimiento similar o superior al interés de tu hipoteca, tiene sentido plantearte invertir en lugar de amortizar.

Pongamos un ejemplo. Si el tipo de interés de tu hipoteca ronda el 2,5% y crees que puedes sacar un 4% o 5% anual con un fondo de inversión, a largo plazo te saldrá más rentable dejar que el préstamo siga su curso mientras tu dinero trabaja por su cuenta.

Esto, claro, no es una receta universal. Requiere una planificación bien pensada y un mínimo de tolerancia al riesgo. No se trata de jugar a la bolsa, sino de construir una cartera diversificada y adaptada al perfil de cada uno.

El poder del interés compuesto

El argumento de los defensores de la inversión frente a la amortización se apoya en uno de los principios más potentes de las finanzas personales: el interés compuesto. Esa capacidad de hacer crecer tu dinero reinvirtiendo los beneficios año tras año.

Si ahorras e inviertes de forma periódica durante los 20 o 30 años que dura la hipoteca, puedes llegar a acumular un capital que no solo iguale lo que debes, sino que incluso lo supere. Y, mientras tanto, mantienes la liquidez y flexibilidad que te dan los fondos de inversión, algo que no ocurre si todo tu ahorro se va en cancelar deuda.

Además, recuerda que los fondos permiten moverse entre productos sin tributar por las ganancias hasta que se reembolsa el dinero. Esto ofrece una ventaja fiscal importante y la posibilidad de adaptar el riesgo a cada etapa de la vida.

¿Y si prefiero quitarme la hipoteca de encima?

Por supuesto, amortizar tiene sus ventajas, sobre todo si se hace en el momento adecuado. Si la hipoteca es variable y el Euríbor está alto, por ejemplo, puede ser una buena jugada reducir el plazo del préstamo. O si te quita el sueño tener una deuda a largo plazo, puede que la tranquilidad mental valga más que cualquier rentabilidad.

La clave, como siempre, está en conocerse bien. Qué metas tienes, cómo es tu situación económica, cuánta seguridad necesitas, qué riesgos estás dispuesto a asumir… Todo eso debe entrar en la ecuación antes de decidir.

Por eso, más que una decisión matemática, lo que se necesita es una fotografía completa del patrimonio familiar. Solo así se puede decidir si conviene amortizar, invertir o incluso combinar ambas opciones.