Ayer tuvo lugar la última reunión del año del Banco Central Europeo (BCE) que como suele ocurrir transcurrió sin sorpresas ya que si algo han aprendido los Bancos Centrales los últimos años es que tienen que ser completamente previsibles parra evitar histerismos. Tras una rebaja acumulada de 100 puntos básicos en los últimos meses, los inversores ahora esperan un recorte de 50 puntos básicos en enero, el doble de lo habitual, respaldados por un cambio clave en el discurso de la institución presidida por Christine Lagarde.

El BCE eliminó de su comunicado oficial la referencia a mantener los tipos en terreno «suficientemente restrictivo», una frase que había sido el pilar de su política antiinflacionaria. Este movimiento ha sido interpretado como una señal de que el BCE considera haber cumplido su principal objetivo: la estabilización de la inflación. Ahora, su atención parece girarse hacia el apoyo al crecimiento económico (algo que no es su función) en un momento en el que la zona euro muestra signos de desaceleración.

Hacia una política menos restrictiva

Actualmente, los tipos de interés del BCE se sitúan en el 3%, un nivel que los expertos consideran aún restrictivo. Para que la política monetaria alcance un punto neutral, el tipo real debería deberían descender del 2% en 2024, si la inflación se estabiliza en torno al objetivo del 2%.

Una política monetaria neutral es aquella que no afecta significativamente al crecimiento ni a la inflación, mientras que una acomodaticia impulsa la actividad económica con tipos más bajos. El BCE podría estar preparando el terreno para un enfoque más flexible, que combine estímulos moderados con prudencia frente a posibles riesgos inflacionarios. Esto nos llevaría a los tipos oficiales entorno al 1.75% y al Euribor rondando esa cifra.

Las expectativas de un fuerte recorte en enero ya han agitado los mercados de renta fija europeos, algo que no ha gustado al BCE que ha optado por enfriar las expectativas de un recorte agresivo, sugiriendo que los próximos ajustes podrían ser más modestos.

El cambio de enfoque del BCE no es casualidad. En 2024, el crecimiento económico proyectado para la zona euro ha sido revisado a la baja, mientras que las expectativas inflacionarias se han moderado considerablemente. Lagarde afirmó que «el proceso de desinflación está bien encaminado», pero advirtió que los riesgos para la inflación ahora son más equilibrados: presiones al alza y a la baja están en juego, lo que podría obligar al BCE a ajustarse rápidamente si las condiciones cambian.

Además, el banco enfrenta un panorama complicado en Francia y Alemania, las dos mayores economías de la eurozona, que lidian con crisis económicas y políticas internas. Los riesgos globales, incluidos los aranceles prometidos por Donald Trump y las tensiones geopolíticas, también podrían complicar los planes del BCE en los próximos meses.

El BCE parece estar navegando hacia un enfoque menos restrictivo, aunque con cautela. Si los mercados tienen razón, el recorte de tipos en enero podría marcar el inicio de un ciclo de ajustes más acelerado, diseñado para estimular una economía que necesita volver a crecer con fuerza.