«Es la economía, estúpido» es una frase que se popularizó durante la campaña presidencial de Bill Clinton en Estados Unidos en 1992. El estratega de campaña James Carville la utilizó para enfatizar que el enfoque principal debía ser la situación económica del país, que en ese momento enfrentaba una recesión.

La frase servía como recordatorio interno para el equipo de campaña, señalando que debían centrarse en los problemas económicos que afectaban directamente a los votantes.

Ayer Donald Trump logró su regreso a la Casa Blanca, convirtiéndose en el primer presidente en ocupar el cargo en dos mandatos no consecutivos desde Grover Cleveland. La victoria del exmandatario republicano ha sido contundente y esta vez, al contrario de la era Cinton, no ha sido por la economía, ha sido por la inflación

El foco de los votantes, sobre todo en temas económicos, ha jugado un papel importante. Aunque la inflación ha mostrado señales de moderación tras los picos de los últimos años, la percepción de los votantes sobre el coste de vida ha mantenido alta presión política sobre la administración demócrata. Trump prometió que abordará rápidamente esta preocupación, asegurando en su discurso final de campaña : «Voy a poner fin a la inflación muy rápidamente». Este compromiso fue el eje central de sus mítines, donde los carteles proclamaban: «Trump lo arreglará».

A pesar de las promesas, algunos expertos económicos han mostrado escepticismo. Las propuestas de Trump, como una nueva ola de aranceles y una deportación masiva de inmigrantes indocumentados, podrían tener efectos contradictorios. Por ejemplo, un informe de Capital Economics advirtió que estas políticas podrían aumentar las presiones inflacionarias. Los autores estiman que los planes de Trump podrían recortar aproximadamente un 1% del crecimiento del PIB y añadir un 1% a las proyecciones de inflación, un balance delicado para un país aún sensible a los cambios de precios.

Las bases del apoyo de Trump fueron claras en los datos de las encuestas: los votantes hombres y los residentes rurales, más golpeados por el encarecimiento de productos básicos y preocupados por la migración, se mostraron decididos a darle otra oportunidad en el Despacho Oval. Además, la campaña logró reactivar a electores que habían perdido la confianza en el sistema político y captar a antiguos votantes de Biden frustrados con el manejo de la economía.

Es la inflación, estúpido.