El jueves pasado el BCE bajó los tipos de interés tal y como ya habían anunciado con anterioridad varios de los miembros del Consejo de Gobierno, una relajación en la política monetaria que nos ha sabido a muy poco ya que para que los tipos vuelvan a su media histórica todavía queda mucho camino por delante.

¿Y qué podemos esperar ahora?

Nos espera esperar y me temo que bastante.

Lagarde lo dejó bien claro en la última reunión del BCE. «Estamos moderando el nivel de restricción monetaria, pero el ritmo dependerá de los datos».

¿Y cuáles son los datos a vigilar?

El dato clave es la inflación, cuyo objetivo es el 2% el problema es que se trata de un indicador tardío, que se conoce cuando ya ha pasado, de poco te sirve saber que tienes fiebre cuando ya tienes todo el cuerpo infectado, por tanto el BCE se centra en tres indicadores que les pueden dar una idea sobre como estarán los precios dentro de unos meses.

Respecto a los precios, el indicador favorito del BCE son las expectativas de inflación. El Banco de España explica muy bien en su blog de que se trata.

Las expectativas de inflación son importantes porque afectan a nuestro comportamiento, ya que son la base de nuestras decisiones de gasto e inversión en el presente. Por ejemplo, elegiremos si comprar o no un nuevo coche hoy o más adelante en función de las expectativas de inflación que tengamos: si pensamos que la inflación será muy alta, compraremos hoy, mientras que si pensamos que la inflación será baja, puede que pospongamos nuestra decisión de compra para más adelante. Si las empresas piensan que la inflación será baja, incrementarán los precios de sus productos a menor ritmo. Igualmente, si los trabajadores creen que la inflación se va a mantener en niveles bajos, demandarán menores subidas salariales. Así es como las expectativas de inflación afectan a la inflación en el presente.

Las expectativas de inflación no pueden observarse, pero se pueden estimar mediante encuestas o mediante instrumentos financieros cuya remuneración está ligada a la inflación futura. Cuando el objetivo de inflación del banco central es claro y predecible, los ciudadanos anclan sus expectativas a dicho objetivo, lo que favorece a la estabilidad de precios. En cambio, si las expectativas se alejan mucho del objetivo del banco central, será más difícil lograr que la inflación se estabilice en torno a su objetivo.

El segundo indicador que tienen muy en cuenta es el de la compensación por empleado. Los costes laborales representan una cuota muy elevada sobre los costes totales de las empresas del sector servicios y puede influir directamente en la inflación que podría tardar más tiempo en moderarse. Si las empresas siguen asumiendo incrementos de sueldos, podrían verse tentadas a elevar los precios finales para absorber ese aumento de costes.

Y el último indicador bajo el radar de Lagarde y compañía es el de los beneficios empresariales un factor que el BCE ha identificado como una de los principales causantes de la inflación.

Por tanto, para que el BCE baje los tipos de nuevo no basta con que la inflación se modere momentáneamente, lo tienen que hacer también sus expectativas así como sus causas. Sin duda todo un reto para el Banco Central… y para quienes sufrimos sus políticas.