¿Merece la pena ser un empleado fiel a la empresa? Esa es la pregunta que se ha hecho Matthew Stanley, un investigador de la Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke y las respuestas de su estudio se resumen en el título del mismo «Los trabajadores leales son objeto de explotación de forma selectiva e irónica» («Loyal Workers Are Selectively And Ironically Targeted For Exploitation».)

La investigación de Stanley consistió en pedir a cientos de directivos que determinaran cuánto trabajo repartir entre los empleados en escenarios ficticios. En los experimentos, al empleado identificado como «leal» se le pedía sistemáticamente que hiciera trabajo no remunerado y que asumiera tareas laborales adicionales con más frecuencia que a un trabajador descrito como «desleal». Es más, al empleado «leal» también se le pedía trabajo no remunerado con más frecuencia que a los trabajadores descritos como «honestos» o «justos».

Y cuanto más trabajo hacía un empleado leal, mayor era la probabilidad de que se le pidiera que hiciera incluso más. En resumen, se trata de un círculo vicioso, muy vicioso.

Según el estudio algunos directivos explotan a los trabajadores leales simplemente porque pueden, pero no siempre es así. En otros casos, puede que no sean conscientes de lo que piden a los empleados leales y simplemente se preocupan por hacer bien su trabajo.

«Creo que es natural suponer que los directivos son gente malintencionada, pero eso no es necesariamente cierto», afirma Stanley ya que según él la lealtad sigue siendo un rasgo valorado, y los empleados pueden beneficiarse en muchas situaciones de hacer un esfuerzo adicional.

«El mensaje no es hacer lo menos posible en todas las circunstancias posibles», señala.

Aun así, los empresarios deben tener en cuenta las conclusiones del estudio e incorporar controles y equilibrios para asegurarse de que no se explota a los trabajadores, afirma Stanley.

Por tanto hay que ser leales a la empresa, pero no mucho…