Uno de los tipos con más suerte de este país fue el exprediente de la diputación de Castellón Carlos Fabra al cual le tocó la lotería 9 veces en 12 años. aunque probablemente el número uno en fortuna fue José Antonio Roca, el principal implicado en la operación Malaya que en 15 años ganó 50 grandes premios, esto es una posibilidad entre 43 cuatrillones.

Fuera de nuestras fronteras tenemos el caso de unos estudiantes del MIT a los que les tocó la lotería de Massachusetts varias veces durante muchos años con más de 8 millones de dólares en premios.

Que suerte ¿verdad? Esto es la lotería y ahí solamente juega la suerte. Nada más.

Pero no siempre la suerte es cuestión de suerte. El caso de Fabra y José Antonio Roca probablemente se trate de un simple blanqueo de capitales comprando billetes premiados y los estudiantes del MIT estudiaron a fondo las reglas del juego y se aprovecharon de una fallo estadístico que les hacía jugar con ventaja y obtener una ganancia asegurada.

Por tanto donde hay suerte muchas veces hay un listo o un listillo. Y donde hay mala suerte, muchas veces hay incompetencia. No le eches la culpa de todo a la suerte.

Richard Wiseman es un investigador británico y mago aficionado. Le interesaba mucho el tema de las supersticiones, amuletos y esas cosas así que le dio por estudiar la suerteEn un experimento, Wiseman pidió a varias personas que se identificasen como suertudas o no. Posteriormente les dio un periódico y les dijo que contasen las fotografías. Había 43 fotografías. Un experimento raro, lo sé.

En promedio, las personas desafortunadas tardaron 2 minutos en contarlas. Las personas con suerte unos pocos segundos.

Y es que aquellos autodenominados «suertudos» leyeron una nota enorme que había en la segunda página que decía «Para de contar. Hay 43 fotografías en este periódico.»

En este caso las personas que se identificaban como suertudas realmente no tenían más fortuna, simplemente eran más observadores.

Wiseman se percató en su investigación que la gente con mala suerte también se identifican a sí mismos como tensos y ansiosos, por lo que realizó otro experimento para confirmar cómo la ansiedad afecta a las personas.

A un grupo de personas les dijo que observasen fijamente un punto que se movía por la pantalla del ordenador, a este punto le acompañaban de vez en cuando y muy brevemente otros grandes puntos por la pantalla. La inmensa mayoría se dio cuenta de todos los puntos. A otro grupo se le quiso meter más tensión haciendo el mismo experimento pero diciéndoles que les darían una a recompensa si no perdían la estela del punto que se movía.  Este grupo se perdió un tercio de los grandes puntos que aparecían.

La ansiedad nos ayuda a centrarnos pero también nos impide ver más allá. Es un obstáculo para la observación de oportunidades en nuestras vidas.

En otro experimento, Wiseman pidió al grupo de «buena suerte» y al de «mala suerte» cómo describirían una situación hipotética en la que están en un banco, y de repente hay un atraco que termina con que te pegan un tiro en el brazo. La gente desafortunada se lamentaba por la mala fortuna de estar en el sitio incorrecto en el momento equivocado. Sin embargo la gente afortunada pensaba que la situación podría haber ido mucho peor. Incluso uno dijo: «Es una suerte, ya que podría haber recibido un disparo en la cabeza.»

Es un mal común echar la culpa a la suerte ya que es una manera sencilla de externalizar los fallos y no asumir bien nuestras acciones. Por ejemplo, si pierdes dinero en bolsa, no culpes a la suerte, la culpa es tuya por invertir dinero en donde no debes. Y si juegas a la lotería, lo normal es que no te toque.

Las personas suertudas son simplemente más observadoras, optimistas y a veces mejor preparadas. Por tanto, la mayoría de las veces la suerte no es cuestión de suerte, así que no te quejes de ella.