Hay muchas cosas que los ciudadanos pueden hacer en beneficio de la sociedad y que no cuestan dinero. Se puede dedicar un día a ayudar en un comedor social, se puede donar sangre cada 3 meses (y además obtener un básico análisis de sangre que puede detectar si hay algún problema), se puede dejar por escrito que al fallecer usen nuestros órganos para su estudio médico o para trasplantes… pero pocos entenderían que se nos obligara a ello. Sin embargo, la mayor parte del mundo occidental entiende que se deben pagar impuestos por el bien del conjunto hasta el punto que por ejemplo la UE reconoce que la tasa real impositiva (sumando IVA e IRPF) en nuestra unión económica es de casi el 45% lo que supone que trabajamos de media 5 meses al año exclusivamente para poder pagar los impuestos.

Según una encuesta del CIS más de la mitad de los españoles cree que paga demasiado y que recibe poco. Sin embargo, parece indudable que si queremos carreteras, policía, bomberos etc. de acceso universal y gratuito hacen falta ingresos. ¿Pero cuanto hay que pagar? Porque los gobernantes no paran de subir e inventar impuestos y a pesar de eso, gastan más de lo que ingresan y generan deudas y no es sólo por la crisis, el déficit y la deuda es lo normal en nuestra historia. Cualquier familia ajusta sus gastos a sus ingresos pero los políticos no y para poderlo sostener lo que hacen es emitir deuda y cuando ésta es insostenible, suben impuestos. No son buenos en su principal misión: gestionar el dinero que les damos (o más bien que nos toman). Hay 3 clases principales de impuestos a las personas (a los que añadir sucesiones, patrimonio e impuestos especiales como los del tabaco, bebida, gasolinas…):

Yo tengo dos opiniones sobre los impuestos que sé que no son mayoritarias:

En todo este complejo tema en el que se mezcla el difícil equilibrio entre la defensa de lo propio y la solidaridad  pero también el afán por ser justos, normalmente el que menos gana –que es la mayoría- aplaude que haya más impuestos a los ricos pero no es tan fácil. Pongamos un ejemplo: Un neurocirujano que tras años de estudio y una gran habilidad consigue encadenar varios años de ingresos salariales en torno a los 200 mil euros por los que suele pagar en torno a un 40% de impuestos. El año pasado decidió invertir gran parte de sus ahorros en comprar unas acciones de bolsa y ante el miedo a un 2022 complicado las ha vendido hace unas semanas. Eso va a provocar que supere los 300 mil € de ingresos este año lo que se traduce en un 52%. Además, como está soltero y quiere que sea la mujer de su vida la que elija la casa de sus sueños, vive de alquiler por lo que al no tener vivienda habitual que descuente algo, sus más de 700 mil € ahorrados le hacen pagar impuesto sobre el patrimonio. Para pagar menos impuestos nuestro neurocirujano puede optar por el método legal: reducir el número de sus pacientes por ejemplo lo que supone una menor actividad económica (suele ser la consecuencia de elevar en exceso los impuestos), emigrar a otro país o montar una sociedad pero siempre queda la tentación de ingresar su dinero en la cercana Gibraltar o el de no declarar las consultas… “Al fin y al cabo, con mi dinero están financiando un sistema corrupto en el que los más beneficiados son los políticos, los que en general trabajan menos y muy mal ya que no saben ni gestionar” podría justificarse. Sinceramente, ¿qué haríamos en su caso? Porque el ejemplo que tienen los jóvenes es el de los Youtubers que se van a Andorra a pagar menos impuestos.

Artículo publicado originalmente en 2013 por Droblo y actualizado.