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El panadero, su mujer y el zapatero

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El panadero, su mujer y el zapatero 1

Ya que estamos de puente y la mitad de los españoles no trabaja y la otra mitad no quiere trabajar hoy os voy a contar un bonito cuento para que escapéis un poco de la monotonía del Euribor.

Imaginemos una ciudad medieval de cuento de hadas, pequeñas avenidas, artesanos, coches de carruajes, niños corriendo, etc. En nuestra ciudad medieval, nos centramos en tres personas: el zapatero, el panadero y la mujer del panadero. Desde siempre, el zapatero compraba el pan al panadero y el panadero los zapatos del zapatero, tanto para él, como para su mujer, a quien le encantan los zapatos bonitos.

En algún momento, sin embargo, el panadero tuvo una idea: dado que pasaba todo su tiempo en la panadería, y apenas salía de casa, decidió que ya no necesitaba zapatos nuevos con tanta frecuencia. Pensó en ello y decidió que podría ahorrar mucho dinero si solo utilizaba sus viejos zapatos, incluso si ya no estaban en buenas condiciones. Además, tuvo una larga  conversación con su mujer, y finalmente la convenció de que ella, tampoco debería comprarse zapatos nuevos para ahorrar dinero. La mujer no estaba satisfecha con todo el argumento, pero finalmente estuvo de acuerdo con la explicación del panadero acerca de lo ricos que podría ser si ahorraban más.

Cuando el panadero dejó de comprar zapatos, el zapatero ya no pudo ganarse la vida. Empezó a tirar de sus ahorros, pero finalmente, había entregado todo su dinero al panadero y estaba literalmente en quiebra. Así que fue a ver a su viejo amigo, el panadero, y le pidió un préstamo. El panadero, que había acumulado bastante efectivo, y no sabiendo qué hacer con el dinero, decidió prestar algo de dinero al zapatero. En los estados financieros del panadero, la deuda que el zapatero le debía estaba marcada como un activo, incluso aunque diera el dinero al zapatero, el panadero se hacía más rico.

Este ciclo continuó durante años. Cada año, la mujer del panadero preguntaba si podría utilizar algo del dinero para comprarse unos bonitos zapatos, y cada año, su marido la convencía de que era más prudente no hacerlo, y para impresionarla y mostrarle la validez de su argumento, le mostraba sus cuentas, que mostraban claramente que se enriquecían cada vez más.

Y de este modo, el panadero siguió prestando dinero al zapatero, y este siguió comprando pan y la mujer del zapatero siguió sacrificándose sin comprarse zapatos.

Finalmente, el panadero y el zapatero se dieron cuenta de que era imposible que el zapatero pudiera pagar la deuda que tenía. Esto, sin embargo, significaba que el panadero no se estaba de hecho enriqueciendo, todo su dinero, acumulado por su sacrificio y el de su mujer había desaparecido.

El panadero vive con el agobiante miedo de que su mujer se de cuenta de que sus ahorros se han esfumado. Para desviar la atención sobre el hecho de que tiene tanta culpa como el zapatero, echa la culpa a este: el zapatero es un holgazán, no trabaja, no sabe cómo gestionar el dinero. El zapatero, a su vez, echa la culpa al panadero, afirmando que intenta llevarle a la pobreza, y simplemente odia a todo el mundo que no forme parte de su familia.

En este cuento, no hay nadie que no tenga que aceptar parte de culpa, y que las partes sean adversarios entre sí no ayuda a nadie. Todos pierden.

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2 Comentarios on "El panadero, su mujer y el zapatero"

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