El libro (y también serie de TV) «The Man in the High Castle» parte de una premisa interesante, las Potencias del Eje ganaron la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos ha sido dividido en tres partes: los Estados del Pacífico en la costa oeste, el Gran Reich en la costa este, y la zona neutral en las Montañas Rocosas. Se han escrito muchos libros sobre qué habría ocurrido si los nazis hubiesen ganado la segunda guerra mundial. Y ya va siendo hora de que escribamos uno sobre qué ocurrirá cuando Europa pierda la tercera guerra mundial, esa en la que en vez de balas hay chips y software.

Hace un año conocimos que China prescindirá de toda tecnología extranjera en organismos oficiales en tres años, un palo de 150.000 millones para las compañías americanas que vuelve a poner de manifiesto que la tecnología (liderada por el 5G) es la madre de todas las tensiones geopolíticas del momento. La nueva guerra fría.

Y es algo que no lo vimos venir. Todo lo contrario a la globalización que nos iba a traer internet y que tanto iba a cambiar el mundo. A principios de la década del 2000 era lo que se predicaba, que fin un fabricante de espadas de Toledo iba a poder vender a un cliente de Minnesota, nos acercábamos a la competencia perfecta en donde el talento estaría a lo largo del globo. Pero al final el talento se ha concentrado más que nunca y la competencia, lejos de ser perfecta cada vez se está convirtiendo más en un monopolio.

Un buen ejemplo de esta problemática la tenemos en la distribución de los unicornios, empresas valoradas en más de 1.000 millones de dólares en donde Europa está a la altura de la India.

Esto, más allá de que el dinero se concentre en un sitio o en otro tiene una implicación muy importante, el talento y la tecnología van de la mano y se está concentrando en unas zonas concretas, en unos «hubs»: Massachusetts. Silicon Valley, Pekin, Shenzhen (China), Bangalore (India) y Cambridge. Fuera de ahí prácticamente no hay vida inteligente, es el tercer mundo tecnológico.

Definitivamente el viejo continente se está quedando viejo basta con ver donde están nuestras  empresas punteras de principios de milenio (Nokia, Ericsson, Alcatel… e incluso Terra) para comprender la gravedad del asunto.

Europa muy lejos y quien lo lidera debería darnos miedo.

Si miramos quién lidera la lista de unicornios nos encontramos con un problema. China no es una democracia y utiliza su liderazgo tecnológico para fines no del todo claros. Por un lado para supervisar (por decirlo de una manera suave) a su población, por otro para reprimir a la disidencia y por último para dar a su gobierno acceso total a todo lo que ocurre en el país, el sueño de cualquier régimen autoritario que quiera perpetuarse.

Un ejemplo de esto lo denuncia un informe que publicó la organización Human Rights Watch, que destapó detalles de una aplicación utilizada para las autoridades en la región en la que recogen información de todo tipo de los ciudadanos, desde tipo de sangre hasta su «atmósfera religiosa» o «el uso poco habitual de electricidad», y «controlan los movimientos de todos».