El dinero es sucio y no hablamos metafóricamente es que es realmente sucio. En un estudio realizado en Estados Unidos en el 2017 se usaron billetes circulando en Nueva York y se analizaron en laboratorio. Los resultados reflejaron la presencia de más de 3.000 bacterias en el papel. El algodón (material principal del cual están hechos los billetes) le permite a los microorganismos adaptarse con facilidad. En él encuentran nutrientes que les ayuda a sobrevivir durante largo tiempo.

Vale, pues entonces pasemos al dinero digital que seguro que es más limpio. Pues no, es todavía más sucio, aunque de otra manera.

El algoritmo de Bitcoin exige cada vez más potencia de cálculo para validar las transacciones. Si fuera un país, su huella de carbono estimada anualmente sería comparable a la de Nueva Zelanda, con unos 37 millones de toneladas de dióxido de carbono. Una transacción de Bitcoin generaría el equivalente en CO2 a 706.765 transacciones de una tarjeta de crédito Visa, según el índice de Digiconomist, que sigue de cerca, aunque sin la comodidad del plástico. Si añadimos que el Bitcoin se utiliza principalmente como instrumento especulativo y las frecuentes advertencias de los reguladores, es difícil imaginar que llegue a tener una puntuación alta en ESG.

Las estimaciones de la energía consumida son muy complicadas de realizar pero una buena aproximación sería que actualmente estuviese en unos 77,8 teravatios-hora, frente a los 9,6 teravatios-hora de 2017, según calcula Digiconomist. Y esto es mucho.

Un problema añadido es que este consumo no se realiza en países concienciados con su impacto ecológico en donde pagan una tasa sobre el CO2 emitido si no que  casi la mitad de la capacidad mundial de minería de Bitcoin está situada en el suroeste de China, donde la energía es barata, está menos gravada y se suministra mediante centrales de carbón, además de hidroelectricidad. El Centro de Finanzas Alternativas de Cambridge estima que el carbón representa el 38% de la energía de los mineros.

En algunos países esto supone un problema real por ejemplo en Irán están sufriendo apagones masivos, esto se debe a que allí la electricidad está subvencionada por el Estado y tiene uno de los precios más baratos del mundo con lo que se ha llenado de mineros de bitcoins que están chupando la electricidad del resto de los ciudadanos.

En el lado contrario, existen algunos casos curiosos como el de la ciudad siberiana de Norilsk, en pleno Círculo Polar Ártico, que alberga la primera granja de criptomonedas del Ártico. Está construida sobre una antigua fábrica de níquel en donde han instalado decenas de contenedores con ordenadores especializados en minar criptomonedas y se mantiene fría gracias a las temperaturas siberianas, además funciona con gas barato y energía hidroeléctrica de la empresa minera (del tipo tradicional)

Y mientras más suba el bitcoin más incentivos habrá para seguir minándolos y más sucio será su dinero.