El Bitcoin y el blockchain podrían ser (si es que ya no lo es) parte del futuro del dinero, pero el principio central de esta cripto-moneda de vanguardia se remonta a mucho más tiempo del que podríamos imaginar.

Por extraño que parezca, bitcoin tiene una especie de analogía histórica con uno de los sistemas monetarios más curiosos que se recuerdan. Las piedras de Rai, unos enormes discos que se usaron hace mucho tiempo como forma simbólica de dinero en la isla micronesia de Yap.

Talladas en las canteras de piedra caliza situadas en las islas de Palau a unos 400 km de Yap, son los objetos más grandes que se han movido sobre el Océano Pacífico antes de que llegasen los europeos. A simple vista, estos enormes y pesados monumentos de piedra (que a menudo son más altos que las personas que los poseen) podría parecer que no tienen mucho en común con un sistema digital de valor que está encriptado, es intangible y básicamente invisible para los sentidos humanos.

Pero ese contraste físico enmascara la asombrosa característica compartida de la moneda de bits y el rai. Ambas monedas  dependen de un sistema de libro mayor público y comunitario, que proporciona transparencia sobre las transacciones, así como seguridad, y todo ello sin necesidad de una estructura bancaria centralizada.

En bitcoin y otras criptodivisas, ese libro de cuentas público se denomina «cadena de bloques» (blockchain) un registro abierto de la propiedad de bitcoin y de las transacciones que se extienden a través de múltiples nodos en Internet.

En el rai  había un antecedente igualmente fiable del libro de la cadena de bloques. Los Rai se consideraban extremadamente valiosos, pero dado su tamaño, peso y relativa fragilidad la gente no lo movía mucho, no eran precisamente calderilla. Como resultado, si un rai era regalado o intercambiado, el nuevo propietario podría estar lejos de la «moneda» e igual no le interesaba o no podía moverla, así que para asegurar que la propiedad fuera conocida e indiscutible, se utilizó un libro de cuentas dentro de las comunidades para mantener la transparencia y la seguridad.

Según los investigadores, este libro de contabilidad oral -contado a través de historias compartidas por los yapenses y transmitidas a lo largo de generaciones- ayudó a la comunidad a registrar y comunicar los cambios de propiedad del rai, para cosas como regalos de boda, instigaciones políticas o incluso el pago de rescates.

Las cosas para las que la gente podría usar bitcoin hoy en día son obviamente diferentes, pero lo más sorprendente de las dos formas de moneda es cómo el sistema de libro mayor, en principio, realiza la misma función.

Al igual que con las piedras de rai, la información sobre el valor y la propiedad de los bitcoins se gestiona de forma colectiva, Es un sistema financiero distribuido en contraposición a los sistemas más familiares y centralizados que involucran a terceras instituciones financieras.

El valor extrínseco de una piedra no sólo se basa en su tamaño y el valor de su artesanía, sino también en la propia historia de la piedra. Si mucha gente murió cuando la piedra fue transportada, o algún famoso navegante fue el que la transportó, el valor de la piedra se incrementa. Su valor también cambia en función de la posición social del poseedor: vale más la de un «noble» que la de un plebeyo.

Otro dato curioso sobre estas piedras lo tenemos con David Dean O’Keefe que en 1871 naufragó cerca de la isla y se quedó a vivir allí en donde aprovechó sus conocimientos para fabricar varias herramientas de hierro que le permitió simplificar la producción de monedas y esto provocó cierto tipo de inflación, que resultó en una depreciación de las piedras obtenidas de esta forma en comparación con las más antiguas. No obstante, la riqueza le permitió ser dueño de una isla de la que se consideraba rey y en donde finalmente se casó con dos mujeres.