La semana pasada estuve por la “España vacía” con sus corrrespondientes fallos de red que me permitieron tomarme unos días de vacaciones reales. Como ya comenté mucho antes de que se pusiera de moda soy un gran partidario del Teletrabajo y qué fácil sería acabar con el problema de la despoblación de tantas zonas tan maravillosas de España con una inversión en red wifi que podría iniciar un círculo virtuoso que llevara muchas más comodidades y servicios, al aumentar la población, a determinadas zonas. Por cierto, un día me acerqué a un típico sitio turístico de costa y aunque no me gusta sacar conclusiones de visiones personales, vi muchos locales cerrados y poca gente en los que estaban abiertos, algo que me temo denota que lo peor de la crisis aún no ha llegado tanto porque los ERTEs esconden (y retrasan) una tasa de desempleo mucho mayor que la oficial como por nuestra dependencia del turista extranjero.

En los EUA, donde se despidió sin reparo -y se está volviendo a contratar del mismo modo- se pasó de una tasa de paro en febrero del 3,5% (mínimos de más de medio siglo) a un 4,4% en marzo y a un histórico (el peor desde la Gran Depresión) 14,7% en abril que ya en Junio fue del 11,1%. Mientras, en España estábamos en el 13,8% y actualmente en un 14,5% y seguiremos subiendo muy lentamente. Incluso si el virus deja de fastidiar el más que probable cierre de negocios y el fin de la prórroga de los ERTEs (actualmente para el 30 de septiembre aunque quizás se amplíe de nuevo) retrasará el máximo de dicha tasa de paro en algún punto de este segundo semestre. Por suerte los créditos ICO y los avales no están secando el crédito lo que, unido al miedo de los bancos a un aumento de la mora (que les lleva a negociar moratorias) y, sobre todo, al aumento de ahorros de los españoles (adjunto gráfico) tras meses de bajo consumo, están manteniendo una cierta actividad económica que, aunque no sea suficiente porque entre otras cosas es menor que la de otros países de nuestro entorno, mitigará el impacto social de esta crisis a poco que aumente el consumo interno.

Y como dije antes, este panorama pasará incluso si el virus no causa problemas pero mucho me temo que eso es ser muy optimista primero porque en el mundo está desbocado (y me preocupan más los rebrotes en los países donde están en invierno -por lo que tienen de proféticos para dentro de unos meses en nuestro hemisferio- que lo que ocurre en los EUA, por más que sea lo que más sale en los medios) y segundo porque es lógico pensar que la apertura de fronteras aumente los casos nacionales. Es razonable pensar que no habrá nuevo confinamiento generalizado puesto que la sanidad no está desbocada pero el caso de Lleida de la semana pasada podría darse en una capital más grande. Lo fácil que fue hacerlo con la ayuda de un juez deja en evidencia una de las muchas mentiras de esta gobierno: que el estado de alarma fue necesario durante 100 días “porque sin él no se podía confinar a la gente o prorrogar los ERTEs”.

Incluso la gente de izquierdas no puede negar el delirio embaucador de Sánchez que pactó “antes del fin del estado de alarma” con UP y Bildu cambiar –primero del todo y luego en parte- la reforma laboral de 2012 y aún no ha tocado ni una coma, como tampoco lo ha hecho con otra de las “banderas” del progresismo patrio: la Ley Mordaza, que además utiliza con aparente agrado. Otro tema es que esto no cambie su intención de voto porque consideren que los de ahora son menos malos que un posible gobierno del PP+Vox lo cual me parece respetable y tampoco valoro si esta rectificación es buena o mala pero entiendo que lleve –también a las personas de izquierda- a convencerse de lo mentiroso que es este gobierno. Y es triste que se asuma que nos mientan con tanta resignación como en su día los votantes del PP aceptaron que la primera medida de Rajoy fuera subir impuestos tras anunciar –como en mi opinión vuelve a hacer irresponsablemente Casado- en campaña que iba a bajarlos.

También creo que viven en una mentira quienes aún creen que la bolsa es un buen indicador de la salud económica; de hecho el lunes, tras un fin de semana plagado de malas noticias, los índices nos sorprendieron con subidas desde la jornada asiática basadas –según las crónicas- en la fe en que gobiernos  y bancos centrales aumenten estímulos ante el repunte de infectados por el virus. Es decir, que si hay más infectados sube la bolsa y si mañana se crea una cura o una vacuna, pues también. Es la definición de exuberancia irracional: si la economía va bien porque va bien y si no va bien porque parte de la liquidez que se creará para combatirlo irá a la renta variable. Lo que pasa es que este mantra no es inmutable y así como se olvidaron de él de repente a mediados de febrero, podría ocurrir lo mismo en cualquier momento. Por otra parte, esta semana tiene pinta de cerrar plana y lo cierto es que si exceptuamos el Nasdaq, los índices siguen sin poder superar los máximos post-confinamientos del 8 de junio. Además, se acercan semanas que estacionalmente son volátiles y bajistas y no creo que los resultados del pasado trimestre que se conocerán los próximos días proporcionen muchas alegrías. Sin embargo, el mercado está especialmente irracional como ejemplifica el ascenso en vertical del precio de las acciones de Tesla. Es posible y hasta probable que Amazon venda más gracias al virus pero ¿Tesla?

Links.