Por aquí nos hemos hecho eco varias veces sobre los diversos experimentos con la renta básica universal que se han realizado alrededor del mundo. Hace 3 años hablamos de ocho que se estaban realizando en ese momento y probablemente el más serio fuese el de Finlandia del cual se publicaron los resultados el pasado miércoles.

Para realizarlo se seleccionaron al azar más de 2.000 desempleados de entre 25 y 58 años de edad y se les dio un ingreso mensual de 560 euros .

Kari Hamalainen, el investigador jefe del Instituto de Investigación Económica VATT comentó que se trataba de «una gran zanahoria, que no funcionó del todo».

Durante el primer año, aproximadamente el 18% de los participantes fueron capaces de conseguir trabajo – alrededor de la misma tasa que el grupo de control. Al año siguiente, el 27% de las personas trabajaron, un poco más que el grupo de control.

La conclusión es que un ingreso básico para desempleados no logra un impacto significativo para incentivar la búsqueda de empleo, aunque sí que tiene un lado bueno: mejora el bienestar mental de los beneficiarios ya que se encontraron más satisfechos con sus vidas y experimentaron menos tensión mental que el grupo de control. También tenían una percepción más positiva de su bienestar económico

Pero el estudio fue criticado por otros investigadores de ingresos básicos por contener lo que ellos caracterizaron como serios defectos en el diseño del experimento que sesgaron las conclusiones. Señalaron que los sujetos del estudio tuvieron que renunciar a otros beneficios para obtener el dinero, y los investigadores se apresuraron a realizar el experimento bajo presión política.

La idea de un ingreso básico ha ganado un renovado interés durante la pandemia de coronavirus. Millones de desempleados dependen de redes de seguridad social que varían mucho de un país a otro. España, por ejemplo, está tratando de poner en práctica un plan de ingresos básicos para complementar los ingresos de sus ciudadanos más pobres. Tal y como informó El Mundo este domingo, consistiría un una renta base de 462 euros, que no se concederá a personas sino a la «unidad de convivencia» y podría llegar a los 1.015 euros mensuales por familia.

En los EE.UU., los esfuerzos federales se han centrado en ayudar a los estadounidenses después de que más de 30 millones de ciudadanos perdiesen sus trabajos y su seguro médico con ello. En total, cerca de 150 millones de estadounidenses han recibido un cheque de hasta 1.200 dólares. Esto contrasta con otros países como Dinamarca, que directamente ayudan a las empresas cerradas para mantener a los trabajadores en sus nóminas.

Algo que parecía utópico hace años quizás sea necesario en esta «nueva normalidad» que nos espera, eso sí, implementada de alguna manera que no desincentive la búsqueda de empleo.