Ya estamos en octubre, el mes más temido, con razón, por su volatilidad:

Pero la veracidad de esta imagen, cortesía de este interesante blog, no quita para que sea un mes injustamente tratado. Tiene muy mala fama desde el crash de 1929 pero lo cierto es que no sólo no es un mal mes, por estadística, para la bolsa, es que es uno de los tres que componen el trimestre habitualmente más rentable del año: el último. Cierto que el año pasado fue horrible y que además se asemeja de alguna forma al actual porque Wall Street también marcó sus máximos históricos en septiembre (este año no pero casi) aunque precisamente por eso, es raro que una anomalía estadística se repita dos años seguidos. Mucho pesimismo económico, sólo justificado en el caso de la Eurozona, y con el fantasma de un Bréxit duro que sigue siendo un riesgo real pero también mucha liquidez barata en el sistema, me llevan a pensar que los activos de riesgo tendrán un buen final de año. Y es que la liquidez, como hemos visto los últimos años, es mejor argumento que cualquier motivo racional. Empresas en pérdidas suben como la espuma y otras que dan beneficios sufren en bolsa…

Hoy voy a hablar de dos valores españoles que están entre las de peor comportamiento este año a pesar de que ganan dinero: Unicaja y Liberbank. Ambos bancos sirven de ejemplo no sólo para demostrar que el análisis “value” cada vez tiene menos peso entre los inversores, también que la sombra de las cajas de ahorro es muy alargada. Ambas entidades proceden de cajas de ahorros: Unicaja sobrevivió a la  crisis en solitario mientras Liberbank –fundado en 2011- es la suma de las antiguas cajas de Asturias (la mayor de todas, recordemos que se “comió” a la de Castilla La Mancha, la primera en “caer”), Extremadura y Cantabria. Liberbank estuvo a punto de fusionarse con Ibercaja en 2012 pero no fructificó por la crisis bancaria (iniciada por el crash de Bankia) de aquel año, necesitando ayudas del FROB para reforzar su capital. En 2013 sale a bolsa, y en 2014 y 2017 necesitó ampliar capital de nuevo. A finales de 2018 Unicaja y Liberbank anunciaron su intención de fusionarse y el 22 de febrero de este año Abanca anuncia una OPA sobre Liberbank por 1700 millones que fue rechazada por Liberbank, que en mayo también rechaza la fusión con Unicaja.

El motivo para no aceptar las ofertas viene porque los directivos de Liberbank –que a su vez representan a cada una de las 3 antiguas cajas que necesitan, por estatutos, estar de acuerdo unánimemente- no quieren perder poder (en el caso de Abanca lo perdían todo porque el comprador iba a prescindir de ellos y en el de Unicaja fue porque no se pusieron de acuerdo en el reparto de las cuotas) pero con estas negativas están arruinando a los accionistas y es que el banco vale ahora la mitad de lo que ofreció Abanca por él en febrero. Si Abanca, que no cotiza en bolsa y quiere ampliar su tamaño, quiere comprar Liberbank pero renuncia a ello porque no quieren vendérsela, es una mala noticia para la acción pero demuestra que la empresa tiene un valor para otros en el sector. Pero para la bolsa eso importa poco, sólo subirá si se concreta alguna operación corporativa aunque sus números sean buenos, eso es lo de menos. Los inversores prefieren arriesgar sus dineros en startups que llevan años dando pérdidas pero que seguramente quizás tal vez en un futuro no demasiado lejano den una gigantesca rentabilidad.

Unicaja también está sufriendo mucho en bolsa. Ambas han caído tanto los últimos meses porque se da por hecho que con su pequeño tamaño no tardarán en volver a tener problemas de capital y porque todos saben que la única solución contra eso es una operación corporativa pero los directivos son tan egoístas que no miran por el bien de las entidades y por el de sus accionistas. Según parámetros “value” ambas cotizan muy muy baratas, colocando algunos analistas los “precios objetivo” un 80% por encima de la cotización actual ya que ofrecen beneficios (Unicaja incluso paga dividendos) y cotizan muy por debajo de su valor en libros. Pero no levantan cabeza. Ambas pueden tener problemas con la sentencia del IRPH y en concreto Unicaja podría verse afectado por un Bréxit duro y sus implicaciones en Andalucía pero nada justifica su actual cotización, máxime cuando su mayor negocio no corre peligro ya que las dos dan servicios bancarios a las administraciones de sus correspondientes comunidades autónomas. Lo que ocurre es que el mercado siempre es soberano y es evidente que los inversores –o al menos la mayoría o los que más peso tienen- se han cansado de unas direcciones tan ineptas. Hablo de estos dos valores precisamente porque son una prueba más de lo poco que importa que una empresa esté bien o esté mal para que suba o baje en bolsa. Por eso creo que lo que menos va a hacer sufrir a un ahorrador típico –yo ya no tengo remedio- es diversificar mucho o, quizás lo más sencillo, invertir en índices y no en valores concretos.

Efectivamente Octubre ha empezado volátil, cerrando con alzas septiembre este lunes y continuando el movimiento gran parte del martes hasta que un dato malísimo –el peor en 10 años- norteamericano recordó que la producción manufacturera allí se desploma ante la absurda guerra comercial que, como todos sabíamos, nunca nadie gana y todos pierden. Para colmo al día siguiente se anunciaron nuevas tarifas de los EUA a la UE.. Si a eso sumamos la cercanía de un posible Bréxit duro y las malas cifras eurozoneras, ya tenemos un comienzo de mes muy complicado que amenaza con parecerse al del año pasado. Sin embargo, yo creo que están ocurriendo ahora bajadas que, por estadística, deberían haber ocurrido en septiembre y que todo esto no es más que volatilidad. Lo mismo me equivoco pero mi escenario sigue siendo el de un buen último trimestre bursátil (y probablemente también para el crudo). No obstante, siempre me gusta recordar que la bolsa es una inversión voluntaria, que sólo hay que estar dentro si por cantidad invertida una pérdida no afecta a nuestra calidad de vida y si por talante del inversor no nos cambia el humor – a peor- cuando perdemos ni nos convierte en estúpidos soberbios cuando ganamos.

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