El BCE la semana pasada confirmó lo que llevo avisando desde hace tiempo: es difícil una crisis cercana porque cada vez que la economía o los mercados financieros flaquean, los bancos centrales intervienen. Lo vimos cuando la FED renunció a subir tipos este año y con ello ayudó a un rebote histórico de Wall Street los dos primeros meses del año y lo estamos viendo con la decisión de BCE de no tocar tampoco los tipos e inundar con más liquidez a la banca para intentar frenar la evidente desaceleración económica. Por desgracia el recurrir una y otra vez a la política monetaria ignorando sus límites tiene un gran peligro: por un lado una complacencia en los gobiernos que aplazan reformas necesarias y por otro que las medidas de los bancos centrales dejen de funcionar. Si llega una crisis a pesar de los tipos reales en negativo y de la liquidez inyectada, ¿qué quedará por hacer?

Ese es el problema de convertir en habituales medidas excepcionales que sólo tuvieron sentido como revulsivo para cambiar la tendencia en lo peor de la recesión. Ahora, actuar porque baja la bolsa como hizo la FED o porque un solo país (Italia) entre en recesión (unas décimas) en una comunidad de 19 como acaba de hacer BCE, supone frivolizar con la política  monetaria. Pero este es un tema muy complejo que ya desarrollaré más en un artículo, hoy me gustaría explicar qué puede suponer lo que decidió hacer Draghi hace dos jueves y si tiene sentido la reacción que determinados activos han tenido después. Lo que hizo fue, tras la rebaja en las previsiones de crecimiento e inflación para 2019 y 2020, fue anunciar que los tipos de interés se mantendrían en los niveles actuales al menos hasta finales de 2019 (anteriormente hasta pasado el verano de 2019). Además, Draghi anunció una nueva ronda de TLTRO (subastas de liquidez para las entidades financieras) que se emitirán trimestralmente a partir de septiembre de este mismo año y hasta marzo de 2021. Con estas medidas, sumadas a las reinversiones de los activos a su vencimiento, el BCE ha fijado las condiciones para mantener un entorno monetario extremadamente acomodaticio mínimo para lo que queda de año.

Esto implica, a mi juicio, menos cambios de lo que cabría esperar para la evolución del Euribor porque ya los futuros descontaban antes de Draghi que los tipos no iban a subir pronto. Que en 2020 suban los tipos es muy dudoso, al menos sus primeros meses, no parece a día de hoy que el segundo semestre de 2019 vaya a ser mejor que el primero, más bien parece que ambos serán discretos y que por tanto no habrá ni presiones inflacionistas ni grandes expectativas de crecimiento para el año siguiente, así que no tendrían por qué cambiar las cosas. La gran incógnita viene por el sucesor de Draghi, que se va a finales de octubre, Teniendo en cuenta ese factor mi expectativa sigue siendo ver el positivo en el Euribor a 12 meses hacia final de año lo cual no deja de ser una mínima subida tras los mínimos históricos de 2018. Sigo creyendo –como lo vengo haciendo hace más de un lustro- que tendremos tipos bajos (más cercanos al 0 que al 2%) durante años.

En cuanto a los mercados su reacción a las medidas de BCE fue vender €/$, algo que puede tener cierto sentido: la economía norteamericana crece más y el dólar ofrece una mayor rentabilidad, el € debería estar más débil. De hecho, el contexto actual sería idóneo para intentar acercarnos a la paridad si bien las declaraciones de Trump contra un $ fuerte y las guerras comerciales abiertas no creo ayuden a ese objetivo pero al menos la reacción del mercado fue lógica. Lo que tuvo menos sentido fue lo de vender masivamente acciones bancarias justo cuando les aseguran suficiente liquidez barata para los próximos dos años. La teoría es que con bajos tipos de interés las posibilidades de obtener mejores márgenes se reducen y por eso fueron castigados al declarar el BCE que no subiría tipos este año. Primero, no creo que fuera el único que descontara ya desde hace meses que BCE no se atrevería a subir tipos en 2019 en un contexto de desaceleración y segundo, acaban de publicarse hace algunas semanas los resultados bancarios de 2018 y no cambian la misma tendencia que en los últimos años de tipos ultrabajos: han seguido ganando dinero y pagando muy buenos dividendos por ello a sus accionistas, así que ya han demostrado que pueden obtener beneficios con tipos reales negativos. La gran banca española además está lo bastante internacionalizada como para no depender únicamente de los “márgenes” de la Eurozona pero incluso la que no lo están –como Bankia o CaixaBank- no creo vayan a sufrir un deterioro significativo en sus beneficios como para justificar el castigo que recibieron. La clave de la buena salud de nuestro sistema financiero está en la reducción de la morosidad y sigue por buen camino:

En resumen, el mercado se ha empeñado en poner en el foco a las acciones de valores bancarios y llevan ya algún tiempo excesivamente castigadas. Yo llevo años desaconsejándolas en contra de la mayoría de “analistas” y medios (curiosamente financiados con publicidad de esas mismas entidades) pero como ya comenté no hace mucho en la situación actual y a los precios de 2019 ya me parece que están infravalorados en bolsa porque el escenario que descuentan en sus cotizaciones es demasiado pesimista. Por otra parte, esta semana se ha demostrado que las bolsas pueden tener correcciones puntuales pero el fondo de Wall Street es claramente alcista, y es inevitable que Europa se contagie, y al final los bancos se suman a la tendencia y se van recuperando mientras algunos valores –sobre todo del sector “utilities”- tiran de los índices ya que se mueven en zona de máximos históricos. En España tenemos en esa tesitura por ejemplo a ACS, Enagás, Endesa, Iberdrola, Naturgy y Red Eléctrica. Lástima para el Ibex que no ponderen más que los bancos… Por lo demás, el Bréxit está en boca de todos y puede ser la causa de que Europa esta semana se esté comportando peor que las bolsas USA, una vez más, si bien ha ocurrido lo que ya anunciamos hace 7 días: patada para adelante y, por lo que parece, se descarta el peor escenario; un Bréxit sin acuerdo.

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