En el mundo de la inversión solemos encontrar a dos tipos de personas, los que se forran invirtiendo y luego escriben libros contando como se han forrado y los que simplemente intentan forrarse escribiendo libros porque invirtiendo no ganan dinero.

De los segundos hay muchos y de los primeros, muy pocos y quizás uno de los mejores sea Peter Lynch, del cuál ya hemos hablado por aquí alguna vez (Consejos de Peter Lynch), un tipo que logró una rentabilidad media anual del 29% durante 13 años.

En su libro «Un paso por delante de Wall Street» cuenta lo que él llama, «la teoría del coktail» una curiosa metáfora sobre como funcionan los mercados.

Imagínate que estás en la boda de tu cuñado y en el típico vino de antes del banquete está el típico inversor de Wall Street que todos conocemos, es realmente campechano, le encanta el Rioja y la tortilla de patata, chapurrea español y habla con todo el mundo.

¿Qué ocurre entonces?

Pues depende de como estén los mercados, así lo contaba Lynch en su libro.

El mercado ha bajado durante mucho tiempo y nadie espera un rebote.

En ese caso la gente hablará con el guiri, le preguntará a qué se dedica y en cuanto responde «Administro un fondo de inversión en acciones» lo más probable es que le den el pésame y se pongan a hablar con el que tipo que tiene al lado que además es dentista, habla bien el castellano… y a todos de repente les duele una muela.

Cuando diez personas prefieren hablar con un dentista sobre las caries en vez de hacerlo con el gerente de un fondo de inversión colectiva sobre acciones, es probable que el mercado esté a punto de rebotar.

La bolsa ha subido un 15% en los últimos 6 meses.

En ese caso, la gente se queda hablando un poco más con el inversor, seguramente echen algún chascarrillo, comenten lo arriesgado que es invertir en acciones, lo bonito que es Nueva York, la buena cosecha que fue el 82 para el Rioja y el dolor de muelas que de repente me ha entrado.

¡Mira! ¡Un dentista!

La bolsa ha subido un 30% en los últimos 12 meses.

¿Quién es ese que está sólo en la fiesta? ¿Por qué nadie quiere hablar con él? Es el dentista. Normal, no hace nada más que hablar de dientes.

Vaya, parece que por fin se ha puesto a hablar con alguien. Pero ¡Si es Peter Lynch!, ahí está junto a la novia haciéndose un selfie. Todos le piden consejos de inversión.

El mercado está calentito.

La bolsa lleva mucho tiempo subiendo y marca máximos.

Peter Lynch es el alma de la fiesta, todos quieren hablar con él pero curiosamente no le piden consejos de inversión si no que se los dan. Incluso el dentista le habla de tres compañías con mucho potencial de subida, una de ellas ha desarrollado un nuevo sistema de brakets. Peter que no es tonto, las anota y promete realizar un seguimiento.

Pasadas unas semanas, la mayoría de las recomendaciones que ha recibido eran buenas. La empresa de brakets se ha disparado….

Tal y como concluye en su libro «Cuando los vecinos me dicen qué comprar, y luego desearía haber seguido su consejo, es una señal inequívoca de que el mercado ha llegado a su tope y está a punto de caer«.

Si los economistas profesionales no pueden predecir las economías y los pronosticadores profesionales no pueden predecir los mercados, ¿qué posibilidades tiene el inversor aficionado?