Si el famoso penalti pitado en el tiempo de descuento del Real Madrid-Juventus lo vieran aficionados merengues y culés en un partido de la segunda división inglesa nos encontraríamos con unas opiniones muy diferentes: habría madridistas que no lo pitarían y barcelonistas que sí. No somos objetivos, no juzgamos lo que vemos, juzgamos desde nuestra subjetiva perspectiva y eso modifica totalmente nuestro juicio. El fútbol es un tema frívolo pero nuestra nublada percepción no se circunscribe a ello. Basta con ver, por ejemplo, cómo la ideología de cada brasileño influye en que crean o no en la inocencia o culpabilidad de Lula. ¿Cómo va a depender su delito o su inocencia de las opiniones políticas de quien opina? Pues así es, igual que se puede englobar en un conjunto ideológico similar a los que creen que lo de Alsasua fue una pelea de bar y a los que piensan que fue un acto terrorista. Nuestra incoherencia incluso varía con cada circunstancia como acabamos de ver con la detención en Alemania de Puigdemont: los independentistas de repente se manifestaban contra Alemania y se inventaban bulos sobre compras de armamento y acuerdos políticos Rajoy-Merkel… hasta que el juez falló algo que les gustó y entonces, de repente la justicia alemana y el país entero es maravilloso. Y por supuesto, los del otro bando sufrieron la evolución contraria.

Cada día me maravillo más de humanos concretos y me decepciono más de la masa humana. Es voluble, contradictoria y fácilmente manipulable. Por eso es imprescindible que, por encima de las opiniones, haya una serie de normas fijas que no cambien, por eso son necesarias las leyes. Pero no son suficientes si no hay delito. El caso de Cifuentes es sintomático, es muy probable que no se la pueda acusar de nada ilegal pero ha mentido. Y eso debería ser suficiente. Pero ojo, si algo bueno ha tenido este episodio es que muchos de varios partidos han quedado expuestos con situaciones similares. Sin embargo, parece que sus engaños (toda falsedad en el CV de un servidor público es una mentira) son menores que el de Cifuentes “porque ella mintió en sede parlamentaria”. Una vez más, no somos rigurosos y seguimos disculpando “a los nuestros” poniendo excusas. Todo político que mienta conscientemente (y se puede demostrar, como en el caso de Cifuentes que dijo que fue a un examen que nunca ocurrió o el de la alcaldesa de Córdoba que dijo tener una carrera que no tiene) no sólo debe dimitir/ser cesado, es que debería ser castigado socialmente. Y como moralmente no somos para nada perfectos, debemos tener unas normas más duras para que dejemos de minusvalorar las faltas de los que consideramos más ideológicamente afines. En mi opinión, hay que ser totalmente estrictos para acabar con toda corrupción.

Para ello, antes de nada se deberían subir los sueldos de los gestores políticos. Por más que se quiera vender que el servicio público es una vocación, también existen presiones familiares y sociales. Un ministro no puede ganar menos que un jefe intermedio de una empresa medianamente exitosa, cuando su responsabilidad es tan grande y por ocupar ese puesto está sometiendo al escrutinio público toda su vida. Para exigir hay que pagar y gestionando deben estar los mejores, no puede ser que tantos mediocres lleguen tan arriba y perdamos tantos buenos profesionales, además de estar demostrado que mayores ingresos reducen tentaciones… Por otra parte, no saldría caro ya que eso podría salir de un recorte en el número de políticos que no gestionan: sobran todos los senadores (trabajan en una institución que no ha hecho nada por el país en 40 años), se podría reducir el número de diputados y hasta el número de candidatos electos locales (en autonomías y municipios).

Y a cambio de ese buen sueldo, todos los cargos políticos deben estar dispuestos a ser totalmente transparentes. Y si no lo son, es mejor que caiga un honrado por una injusticia que el que una persona deshonesta siga gestionando un presupuesto público. Pero si no somos nosotros como masa los que exigimos a los partidos políticos que no hagan excepciones, que castiguen a todos los que hagan cualquier cosa sospechosa, nada cambiará. Y eso es extensible a lo que hacen determinadas empresas privadas y que disculpamos como está pasando con Facebook porque como comenté hace poco, la democracia también se ejerce consumiendo y no sólo votando. Si acabamos premiando a empresas y políticos que nos engañan, si nos vamos a seguir dejando llevar por nuestras filias y fobias sin intentar hacer antes un análisis lo más objetivo posible de los hechos, estaremos actuando como hooligans futboleros en lugar de como ciudadanos. Y si nos conocemos y sabemos que al final vamos a comportarnos así, mejor prevenirnos de nosotros mismos con unas normas férreas que no dejen pasar ni una a nadie. Y que nadie me diga que toda esta charla no tiene que ver con la economía por favor.

En cuanto a los mercados la estadística histórica de abril se está cumpliendo al dedillo a pesar de las ventas del comienzo. La bolsa sigue escalando posiciones y por supuesto los inversores han obviado la guerra siria (que cada vez se parece más a un postureo a costa de personas que llevan 7 años sufriendo un conflicto armado). Los datos de resultados empresariales y macros siguen saliendo buenos y la escalada de tipos de interés de la deuda sólo se está dando en los EUA, sin contagiarse al resto del mundo. El Brent, por encima de los 74$ ya, está en máximos de mucho tiempo pero entra dentro de la estrategia de los bancos centrales que buscan más inflación sin ser lo bastante exagerado como para afectar al crecimiento, aunque será un factor a vigilar. Además, ha aparecido algo no del todo inesperado: Deutsche Bank, que sigue despertando muchas dudas (que hace tiempo se notan en su cotización bursátil) de momento más sobre sus resultados que sobre su solvencia pero es un tema del que se seguirá hablando. Y ya que citamos a una gran entidad financiera, veamos el tamaño de nuestros bancos, global y en cuanto a España, por su volumen de activos a finales del año pasado:

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