Un tema bastante recurrente en este blog es la relación que existe entre la felicidad y el dinero. En general estamos de acuerdo en que el dinero no compra la felicidad pero para creérnoslo de verdad estaríamos dispuestos a sacrificarnos para comprobarlo con nuestros propios ojos.

Hace varios años salió un estudio que cifraba en 75.000$ los ingresos anuales que nos hacían felices:

Deaton y Daniel Kahneman analizaron las respuestas de 450.000 encuestados en Estados Unidos. El estudio de campo se realizó entre 2008 y 2009 para el Indice de Bienestar Gallup-Healthways. En la encuesta se incluyeron preguntas sobre la felicidad cotidiana de la gente y lo satisfecho que estaban con sus vidas, en general.

La felicidad aumentó a medida que se incrementaron los ingresos, pero ese efecto se anuló al llegar a los 75.000 dólares, dijo Deaton. Sin embargo, su percepción general de éxito o bienestar siguió aumentando a medida que sus ingresos superaron ese punto.

«El darle a la gente ingresos superiores de los 75.000 no va a ayudarlos mucho en su humor diario …, pero los hará sentir que tienen una vida mejor», dijo Deaton en una entrevista.

Alguien que pasa de un trabajo en el que gana 100.000 dólares al año a uno que le paga 200.000 percibe más éxito, pero eso no necesariamente implica que sea más feliz en el día a día, dijo Deaton.

Hace pocos meses publicamos por aquí otro estudio que afirmaba que no es el dinero lo que hace feliz si no el tiempo libre que podemos comprar con él.

Una investigación de la universidad de Harvard preguntó a 6.000 personas cuanto dinero destinaban cada mes a tener más tiempo libre, su nivel de satisfacción con la vida y otros aspectos de su día a día como el nivel de estrés relacionado con el tiempo. Aquellos que “compraron tiempo libre” mostraron una mayor satisfacción con su vida. Por “comprar tiempo libre” nos referimos a contratar a alguien para que te haga esas cosas que te dan mucha pereza y que por ahorrarte 20€ las haces tu y te quedas sin la mañana del domingo.

Y más recientemente se ha realizado el que quizás sea el estudio más serio sobre este tema, para ello se encuestó a 4.000 millonarios con un patrimonio entre 1.5 y 15 millones de dólares para evaluar su satisfacción con la vida.

Los resultados del estudio son llamativos. En general, la aguja de la felicidad no se mueve hasta los 8 millones de dólares. Es decir, la felicidad se empieza a notar a partir de los 8 millones de dólares, por otro lado aquellos que construyeron su propia riqueza se sentían más felices que aquellos que la habían heredado.

La ONU realiza anualmente un estudio con los países más felices y los resultados no son muy sorprendentes, con Noruega, Dinamarca, Islandia, Suiza y Finlandia en los 5 primeros puestos, Estados Unidos en el 14, España en el 34 y cerrando la lista varios paises africanos (y Siria).

Así que todo parece indicar que sí existe una relación bastante directa entre el dinero y la felicidad, lo que pasa es que comprarla cuesta 8 millones de dólares así que mientras ahorramos deberíamos buscarnos algún sustituto que de esos hay muchos gratis.