Esta es la carita que se le quedaron a los brokers de Wall Street durante el crash de la semana pasada.

Los informáticos son los nuevos magos de las finanzas. Los que, con sus códigos y sus algoritmos, propician que las órdenes de compra o de venta de un inversor lleguen al mercado antes que las del competidor. Y si el tiempo siempre ha sido oro, en esta época tecnológica aún lo es más. La clave ya no reside en las horas. Ni en los minutos. Ni siquiera en los segundos. El secreto del éxito está en los milisegundos. O más aún, en los nanosegundos. Es lo que tiene la denominada negociación de alta frecuencia -high frequency trading (HFT)-, que premia con suculentos beneficios a los gatillos más rápidos del Oeste financiero.

Michael Lewis en su novela «Flash boys» destripaba el oscuro negocio del HFT ese que suele ser el sospechoso habitual cuando ocurren «Flash crashs» en la bolsa como el de la semana pasada en Wall Street y que contagió al resto del mundo.

Su método de inversión es un clásico en los mercados, aprovecharse de obtener la información antes que nadie para ser el primero en anticiparse a una subida o bajada bursátil. Ahora utilizan potentes ordenadores conectados con fibra óptica directamente al NASDAQ para ganar unos nanosegundos al resto de inversores. Hace un par de siglos el HFT se realizaba mediante palomas mensajeras.

A Nathan Rotschild (de la familia de banqueros Rotschild) se le atribuye la frase «hay que comprar con el sonido de los cañones y vender con el sonido de las trompetas» así que lo importante es ser el primero en escuchar ese sonido.

Poco después de la derrota de Napoleón en la batalla de Waterloo, Nathan Rotschild utilizó un complejo sistema de palomas mensajeras que cubrió en pocas horas los 362 Km. de distancia que separan Waterloo-Londres. Lo que les permitió ser los primeros ingleses en conocer la decisiva noticia que marcaría el inicio de la nueva Europa.

Asi que decidieron vender bonos del estado para hacer creer al resto de inversores que Inglaterra había perdido la guerra lo que hundió la bolsa londinense, momento que aprovecharon para comprar en secreto grandes cantidades de esos mismos Bonos del Estado a un precio muy bajo. Al llegar la noticia de la victoria  los precios se dispararon y los Rothschild obtuvieron un beneficio de más de un millón de libras en un sólo día.

Como veis, en el fondo de la especulación no ha cambiado tanto en 200 años, simplemente hemos cambiado palomas mensajeras por informáticos.

Ayer mismo en El Economista publicaron un interesante artículo en el que explicaban como este tipo de trading se estaba cargando definitivamente los mercados.

A finales de 2017, Ward cerró el hedge fund que había invertido en los mercados del cacao y el café durante años. Y a finales de enero, cerró el fondo inversión en materias primas Jamison Capital Partners, dirigido por Stephen Jamison. Estos expertos comentan a los inversores que el aprendizaje automático y la inteligencia artificial han eliminado las oportunidades de contratación a corto plazo, mientras que las materias primas no ofrecían ventajas obvias a largo plazo.

También en 2017, el famoso operador de los mercados de petróleo Andrew Hall, que ganó 100 millones de dólares en 2008, puso fin a su principal fondo Astenbeck Commodities Fund II.

Este experto aseguró en una carta anterior a los inversores, que la volatilidad extrema causada por los «inversores no tradicionales y la contratación algorítmica» hacía difícil mantener posiciones a largo plazo cuando el mercado se movía contra ellos.

En 2016, Michael Farmer, socio fundador del fondo Red Kite especializado en cobre, también acusó a los operadores de alta frecuencia de utilizar ordenadores ultrarrápidos para distorsionar el mercado y obtener una ventaja injusta.

Un estudio de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas de Estados Unidos muestra que los intercambios sistematizados por ordenadores en la bolsa de futuros más grande del mundo, CME Group, representaban el 49% del volumen en contratos agrícolas y el 58% para algunos contratos de energía.

Al final se van a cargar a la vaca de tanto ordeñarla