Hace un mes salieron los resultados de una encuesta que, de ser ciertos, son una prueba más de que por mucho que en los medios se hable de un tema durante años, eso no garantiza que la población esté informada, en concreto decía que la mitad de los españoles somos analfabetos financieros y ponía como ejemplo que el 51% no sabe distinguir entre lo que es el PIB y lo que es el IPC. Sorprende tras tantos años de crisis en los que la economía se ha convertido en asunto habitual de tertulias y es grave porque es algo que nos afecta directamente a todos y aunque no importa demasiado saber el significado de esas siglas, denota que menos se conocerán otras que afectan al dinero que depositamos o pedimos prestado al banco como la TAE o el TIN (o en su día el IRPH). De tanto desconocimiento se aprovechan las entidades financieras y los políticos, tanto los que mandan porque les ayuda a vender la imagen de que sólo ellos saben lo que se debe hacer como los de la oposición porque les permite exagerar con sus promesas y sus críticas sin temor a ser juzgados.

Y lo cierto es que en economía casi todo es opinable y está muy bien, pero las opiniones no deben ser defendidas con datos falsos y por desgracia eso pasa. Sea por desconocimiento, por ideología o porque es lo fácil, se cuelan muchas cifras que no son ciertas en el discurso incluso de personas que teóricamente saben de economía. No voy a entrar en sus motivos ni voy a hacer una lista que sería demasiado extensa, hoy sólo voy a citar algunas cosas que se dicen de las ayudas a la banca en España.

La deuda pública no ha subido lo que ha subido por salvar a los bancos por más que incluso en libros de texto ya se esté afirmando esa falsedad. La deuda pública española ha crecido durante los años de la crisis en más de 600 mil millones mientras que el coste de la reestructuración financiera española (el día que acabe) no superará los 50 mil, es decir, rondará el 8%.

Tampoco se han salvado bancos, se han salvado cajas de ahorros que es muy diferente. ¿Por qué es diferente? Porque como en el caso de las radiales, las cajas de ahorros hacían el negocio que hacían porque estaban avaladas por ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas… es decir, por el estado. Yo he sido muy crítico con el rescate a las cajas desde hace muchos años: debieron cambiar a gestores, vender activos, hacerlas lo más pequeñas posibles y cerrarlas y en su lugar ya desde finales de 2008 el Tesoro compró sus activos para inyectarles liquidez, crearon el FROB para prestarles dinero, propiciaron absurdas fusiones y cuando no pudieron devolver los créditos del FROB hubo que nacionalizarlas. Para colmo, una vez nacionalizadas, las sanearon con dinero público para colocárselas a entidades privadas. Y fue lamentable y aún espero que se enfrenten a la justicia personajes como MAFO o los que decidieron gastarse 6 mil millones de € en sanear Banco Valencia –herencia de Bancaja- para luego regalársela a la Caixa que acto seguido lo que hizo fue utilizar contablemente la operación en su propio beneficio y cerrar el 90% de todas las sucursales. Pero incluso si me hubieran hecho caso, eso no quita para que al final el coste de las cajas de ahorros es algo que el erario debía asumir porque los que confiaron en ellas lo hicieron porque el estado estaba detrás y porque los años que ganaron dinero también fueron instituciones públicas los que recibieron esos beneficios.

A los bancos privados, al contrario que en otros países, en España no los rescatamos con dinero público. Lo curioso es que en el exterior, por ejemplo Holanda, sí que el erario ganó con el préstamo que le hicieron a ING mientras en España no hemos obtenido beneficio de ninguna caja de ahorros. Hay quien dice que sí, que rescatamos a los bancos en España porque el Tesoro respondió por ellos durante algunos años para que pudieran emitir deuda. Es una forma de verlo, de hecho yo en su día estaba en contra, pero el caso es que no sólo no ha costado nada –puesto que al final no quebró ninguno- es que hemos ganado unos cuantos cientos de millones de euros con la comisión que nos han pagado por los avales de sus emisiones.

Todo este proceso por el que hemos perdido tanto dinero es tan criticable que no hace falta inventarse mentiras para ahondar en la herida pero algunos lo hacen como cierto político, que además es economista, que dice que es vergonzoso que BCE “regale dinero a los bancos”. Es falso, BCE presta dinero a los bancos, y se los presta a cambio de activos, para nada es un regalo. De hecho, un par de veces estos años (en el caso de Chipre y en el de Grecia), BCE ha advertido contra no poder seguir ofertando euros a los bancos de estos dos países por la pérdida de valor de sus colaterales. Presta a cambio de intereses y contra una garantía y últimamente además, cobra a los bancos que depositan su liquidez sobrante en sus cuentas. Es decir, BCE es una institución pública que está cobrando dinero de los bancos y de hecho sus beneficios se reparten entre los países miembros por lo que lejos de restar a los presupuestos generales de cada país, suma. BCE, a mi juicio, se ha extralimitado financiando a estados (a los que tampoco regala el dinero, compra su deuda y cobra intereses salvo en algunos pequeños casos en los que ha acabado comprando, por culpa del sistema de cuotas, bonos a tipos negativos) pero que preste liquidez a los bancos es su misión estatutaria, no se le puede criticar por ello.

Que conste que eso no significa que los bancos no estén mimados por el nuestro y por todos los gobiernos del mundo, incluso más que empresas más grandes pero eso tiene más que ver con el sistema económico actual ultradependiente tanto del crédito como de la confianza. Pero ese es otro tema.