¿Es beneficioso que te toque la lotería? La pregunta suena a broma y es que todos firmaríamos porque en la próxima navidad nos tocase el gordo, pero se estima que casi el 80% de los nuevos millonarios que ganan la lotería ha gastado todo antes de 10 años. Con lo cual te quedas como antes pero sin la esperanza de que la lotería te arregle la vida.

Para muchas ciudades que le toquen los Juegos Olímpicos es casi como que les caiga el cuponazo. Al igual que la lotería si hay suerte son un gran negocio, por eso los países pelean ser la sede del evento y presentan planes ambiciosos que beneficien la imagen y la economía del país. Y las empresas no se quedan atrás pues desean ser contratadas para desarrollar infraestructura, proveer servicios y tener presencia de marca. Estos beneficios económicos de las Olimpiadas se pueden delimitar en tres momentos: antes, durante y después del evento.

El anuncio de la sede

El primer momento en que el impacto económico empieza para el país es en el mismo día que se anuncia la candidatura ganadora. De acuerdo al reporte “The Economic Impact of Olympic Games: Evidence from Stock Markets” presentado por el Centro para la Investigación Económica Europea, se puede encontrar un efecto positivo en el comportamiento de los índices bursátiles de los países participantes en el proceso de selección: analizando datos para los procesos de selección de cada Olimpiada entre 1988 y 2014, tanto de verano como de invierno, los investigadores concluyen que hay evidencia de un comportamiento positivo en el país ganador. Adicionalmente se comprueba que este efecto es mayor en las sedes de las olimpiadas de verano, ya que por su tamaño es el evento que más expectativas acapara, y que el efecto es mayor en países pequeños donde se espera que los Juegos tengan un gran impacto económico.

Desde la designación de la sede hasta que se apaga la antorcha.

El análisis de estos efectos generalmente es difícil cuando se intentan evaluar los beneficios en el largo plazo, debido a que la mayoría son intangibles. En el corto plazo hay tres tipos de efectos: directos, mediante el gasto hecho para la organización, es decir las costosas inversiones para garantizar el éxito de los juegos; indirectos, a través del gasto hecho por visitantes durante el evento; e inducidos, que son un efecto multiplicador de los directos e indirectos.

Efectos a largo plazo.

Son los más difíciles de medir cuantitativamente, aunque sí se tiene identificados a los principales beneficios. El principal es, si todo ha ido bien, que aquí influye mucho la imagen proyectada, el efecto “marca”: tanto la ciudad sede como el país en general han sido un escaparate al mundo, lo que les convierte en un reclamo, tanto para el turismo, como para la inversión, favorecidas ambas por las inversiones llevadas a cabo en infraestructuras y seguridad.

Pero los Juegos Olímpicos, al igual que la lotería, no tienen el mismo efecto en todas las sedes ya que dependerá del país, su tamaño, o la implicación de su población el efecto que se tenga.

En los últimos años, los ejemplos de mayor éxito son los Juegos de Barcelona ’92 y Sidney ’00. El modelo de Barcelona es el que más alegrías ha dado a una ciudad organizadora en los últimos años. La celebración de esos Juegos se considera un ejemplo de rentabilización. El secreto del éxito está en la obra civil: su capacidad de estructurar la ciudad. Las inversiones olímpicas de Barcelona y su impacto socioeconómico no tienen comparación con ninguna otra ciudad organizadora de los Juegos. El coste total de los Juegos de 1992 fue de 6.728 millones de euros, y su impacto económico fue de 18.678 millones. Barcelona dinamizó su turismo, remodeló su ciudad y tuvo un gran impacto internacional, a pesar de suponer un golpe importante para las arcas del Estado y la Comunidad de Cataluña. Por eso, Barcelona sigue siendo hoy en día el mejor ejemplo de renovación urbana y crecimiento turístico (pasó de 1,7 millones de visitantes en 1992 a los casi 8 en 2007) después de unos Juegos.

Años después, Pekín siguió (de lejos) este modelo, la inversión para la organización de los juegos tan solo en infraestructura fue de 40.000 millones de dólares entre el 2002 y el 2006. El desarrollo causó un cambio en el paisaje urbano de la ciudad al restaurar 25 sitios históricos, calles antiguas, avenidas principales, la disminución de la contaminación y la construcción del Parque Olímpico. La inversión en infraestructura mejoró las condiciones de producción de las empresas nacionales y extranjeras, haciendo más atractiva la inversión en el país. Sin embargo, la mayoría de los analistas coinciden en que los Juegos Olímpicos no tendrán efectos duraderos en la economía de la ciudad o del país.

En Londres, que también siguió el modelo de Barcelona, la inversión realizada alcanzó los 9.298 millones de libras (11.865 millones de euros), siendo su beneficio estimado de 26.000 millones. Más de la mitad de este beneficio provino de la actividad económica generada por los más de 800 contratos de obra y servicios firmados por la oficina responsable de construir la infraestructura olímpica. Un 12% del beneficio es atribuido al turismo generado por las Olimpiadas.

En el otro lado de la moneda están los tres casos más claros de fracaso: Montreal ’76, donde los Juegos resultaron un desastre financiero que aún hoy siguen pagando sus ciudadanos. Atlanta ’96, que trató de organizarlos sin apenas impacto urbano ni infraestructuras y donde, además, hubo un atentado. Y Atenas ’04, para la cual el presupuesto fue de 11.200 millones de dólares, el doble que el propuesto originalmente. En su mayoría fue usado para el desarrollo de infraestructura de la ciudad; se construyó un nuevo aeropuerto y se mejoró el sistema de transporte. Sin embargo, tras los juegos, muchas de las instalaciones cayeron en desuso y se empezaron a convertir en un gasto para el gobierno. Se estima que su mantenimiento anual asciende a los 775 millones de dólares anuales. El fallo en la organización y los altos niveles de corrupción llevaron al fracaso de los juegos, siendo así que muchos analistas buscan el origen de la crisis económica actual de Grecia en los Juegos de 2004.

De momento es temprano para sacar conclusiones sobre Rio, pero la impresión que tenemos todos no son nada halagueñas y es que da igual que te toque la lotería o los Juegos Olímpicos, si no sabes gestionar bien tus finanzas acabarás siempre en la ruina.