Hace algo más de 4 años publicamos por aquí un artículo titulado Cosas de economía de las que poder hablar cuando este verano alguien saque el tema de la crisis (III) en el que quizás lo más interesante era  una foto de Scarlett Johansson que puse, porque me apetecía. Así que hoy, porque me apetece, la pongo de nuevo. Aunque sí algo quiero destacar de aquel texto es el concepto de «La tragedia de los comunes» que era a fin de cuentas de lo que iba el artículo.

La tragedia de los comunes es una situación en la cual múltiples individuos, actuando de manera independiente, agotan un recurso compartido, incluso cuando no le interesa a nadie hacerlo. El mejor ejemplo actual de esto son los pescadores. Nadie es dueño de las poblaciones mundiales de peces, son un recurso compartido. Los peces son algo que se consume en todo el mundo, y, como resultado, hay muchos pescadores compitiendo por ellos. Cada pescador intentará pescar todos los peces que pueda para maximizar sus beneficios. Sin embargo, es también interés del pescador el mantener las poblaciones de peces sostenibles, es decir, dejar peces suficientes para que se repueble, de modo que puedan quedar más peces para pescar. Si cada pescador se preocupase por la sostenibilidad, y deberían hacerlo si no quieren tener que buscar otro trabajo en el futuro cercano, ellos trabajarían para preservar las poblaciones de peces. He aquí el problema: falta confianza. Un pescador que actúa con responsabilidad y limita la cantidad que pesca saldrá perdiendo si los demás pescadores no lo hacen. Los otros pescadores cogerán más peces que el, ganarán más dinero y terminarán igualmente con la población de peces. De modo que, cada pescador, creyendo que los demás cogerán más peces de lo que es sostenible, cogerá todos los que pueda, y así se agotarán los recursos de peces del mundo, aunque nadie los quiera desperdiciar.

Cuando se ilustra este dilema, siempre suelen poner ejemplos agrícolas o pesqueros ya que además de muy fáciles de entender tenemos bastantes ejemplos históricos que lo corroboran, como pasó con las ballenas. El otro día, leí un interesante artículo que partía de una pregunta que viene a colación de lo que estamos hablando ¿Por qué las ballenas se extinguen y los ciervos no?.

Las poblaciones de ballenas han ido disminuyendo porque no pertenecen a nadie (son un recurso común). Viven en aguas internacionales y, si bien existen tratados que intentan protegerlas, varios países se han negado a cumplirlos. Los balleneros japoneses y noruegos se dan perfecta cuenta de lo que están haciendo: poner en peligro la supervivencia de las ballenas y, por tanto, su propio sustento. Pero cada ballenero sabe también que, si él no captura una ballena, otro se encargará de hacerlo. Por tanto, a ningún ballenero le interesa controlar la población de ballenas.

En España, la mayoría de los animales de caza están en fincas bajo el dominio de algún propietario. De alguna manera se puede decir que los animales de caza pertenecen a alguien, son bienes privados. Si el propietario se gana la vida dando cacerías, o disfruta de su finca cazando, le interesa mucho mantener un equilibrio ecológico. Es decir, debe cuidar que haya un balance entre el número de animales que caza y el número de los que nacen todos los años para evitar agresiones al medio ambiente.

Y ese es precisamente el problema del «clima», no pertenece a nadie con lo cual de poco sirve que tu lo respetes si tu vecino no lo hace y además con ello se beneficia de un rápido desarrollo. Así que es bastante complicado que este dilema se solucione por parte de los países. Por tanto la única alternativa viable y realista viene desde la demanda y es que en cuanto los ciudadanos consuman exclusivamente productos y fuentes de energía respetuosas con el medio ambiente ya no será rentable contaminar y la tragedia dejará de serlo. Mientras tanto, los culpables son los países contaminantes y los consumidores de sus productos.