Tsipras ha asumido públicamente su responsabilidad en la implementación de las medidas de un acuerdo en el que dice no creer aunque dice que aplicará (y pidió al parlamento que lo aprobara). La impresión que el dirigente griego quiere mandar a su pueblo es que lo hizo todo con la mejor intención pero que no pudo ser, que la Grexit hubiera sido peor y era inviable porque el país no tiene suficientes reservas de divisas como para emitir una nueva moneda, así que hizo de tripas corazón y aceptó lo que le ofrecieron. Algo así como que forzó la negociación imaginando que el miedo a la Grexit haría ceder a los acreedores y se le volvió en contra. Pero claro, las mentiras tienen las patas muy cortas y por la boca muere el pez ya que el propio Tsipras en el discurso televisado del martes confesó: «Varoufakis me dijo que Schauble le dijo en marzo que le proponía una salida acordada del euro». Es decir, que sabe hace meses que Alemania no tenía ninguna intención de financiar su programa electoral y que hace mucho que estaba dispuesta a asumir el riesgo de una salida de Grecia del €. Vamos, lo que llevo diciendo semanas: Tsipras lo ha hecho todo tarde y mal porque si sabía que había perdido su mayor baza para conseguir sus objetivos (la amenaza de una Grexit por el miedo al impacto económico que tendría en sus socios) y había comprobado la postura sin fisuras de los 18 socios contra sus pretensiones ¿a qué vino seguir postergando las negociaciones a la par que la economía del país acababa de hundirse y las finanzas públicas deteriorándose mientras los bancos se vaciaban, a qué esperar? ¿A qué jugaba Varoufakis cuando llamó terroristas financieros a aquellos a los que quería convencer de que le perdonaran las deudas? Según pasaban las semanas la situación límite a la que estaba llevando a la economía le hacían perder todo poder negociador ya que un Grexit podía hacer daño en la Eurozona pero a Grecia le suponía, en el corto plazo, una quiebra generalizada de bancos y empresas con lo que aumentaría el paro y podía incluso peligrar el suministro de productos básicos. Y Tsipras, como se ha podido comprobar, no estaba dispuesto a asumir ese riesgo.

Y aun así, lanzó el último desafío levantándose de la mesa de negociaciones para convocar un referéndum en el que solicitaba, con falsas promesas, rechazar un acuerdo mucho mejor del que finalmente firmó además de instaurar un corralito que tardará meses en levantarse por completo. Tsipras también reconoció que ni los EUA ni Rusia le ofrecieron la ayuda que buscaba por lo que sólo los otros 18 miembros de la €zona podían impedir la quiebra de Grecia. Y de esos 18, la mitad estaban dispuestos a que Grecia saliera del € por lo que convencerlos de que en vez de eso, era mejor poner más fondos ha derivado en unas condiciones durísimas, que no estaban sobre la mesa en estos meses de conversaciones como que los bancos, puertos y el sector eléctrico sirvan como aval de este nuevo rescate (algo que en la práctica a mi entender es un disparate porque será papel mojado si Grecia decide no pagar) o medidas como la liberalización de las farmacias que en otros países de la Eurozona –como España- no se aplican. Si bien lo más degradante es que el gobierno griego se verá obligado a consultar con la Troika cualquier borrador de nueva legislación antes de enviarla al parlamento griego. Un acuerdo malo –y a 3 años por lo que el problema del Grexit tan sólo se posterga – para todos, que no resuelve nada, donde los acreedores amplían su exposición a un país que es insolvente y lo seguirá siendo probablemente por décadas, que en parte es un “te pago para que no quiebres y puedas cumplir pagos” (crédito circular: con la tarjeta de crédito abonas la hipoteca mientras acumulas más deudas), que en parte es un dinero público europeo destinado a recapitalizar bancos griegos y que la pequeña parte que podrá gestionar el gobierno de Tsipras se gastará siguiendo unas directrices contrarias al programa electoral de Syriza por lo que la pérdida de soberanía es enorme. En resumen, más deudas para los contribuyentes europeos que no ayudarán a los griegos. Y por supuesto las condiciones se incumplirán como las de los dos acuerdos anteriores, por estos o por los que ganen las próximas elecciones, si es que no lo rechazan totalmente porque en esta Eurozona los compromisos no son asumidos por los estados miembros sino por los gobiernos de turno.

A todo este fracaso de Tsipras –que no creo tarde mucho en dimitir- se le ha querido dar una interesada lectura nacional en España: “son menos votos para Podemos” dicen. No lo tengo tan claro, primero porque unas condiciones tan humillantes aumentan el papel de víctimas de los griegos (¡si hasta hablan de golpe de estado cuando es el propio Parlamento griego con 229 votos a favor de 300 quien las ha aprobado por mayoría democrática!) y resaltan los errores de la Eurozona por lo que este acuerdo son menos votos para los partidos tradicionales y apoyos para Le Pen, para Farage, incluso para los ucranianos pro-rusos y anti-europeístas. Segundo, Podemos se hizo famoso con propuestas como la jubilación a los 60, presumía de estar más a la izquierda que IU, acusaba al PSOE de casta… y ahora de sus primeras reivindicaciones no queda apenas nada, se definen socialdemócratas, su líder defiende que la economía de mercado no tiene alternativa y han dado poder institucional autonómico al PSOE…y no por eso pierden votos. Cierto que es ridículo ver cómo hace unos meses Iglesias ponía como ejemplo a Syriza de que sí se puede pero si los votantes españoles castigaran la falta de coherencia hace años que PP y PSOE serían partidos minoritarios y no lo son. Eso sí, me ha encantado el recado que Juan Torres López ha mandado en un tuit:  “Lección de Grecia: no basta con gritar Sí se puede. Hay que descubrir con estudio e inteligencia qué hay que hacer para que se pueda”.

Yo también le doy una lectura nacional pero no por Podemos sino por el independentismo catalán. Lo que se debería aprender del fuerte deterioro económico sufrido por Grecia los últimos meses y de la rectificación casi total del programa electoral de Syriza, es que nadie puede imponer sus puntos de vista, incluso con el apoyo de los votos, si tiene en contra al resto de Europa. Y nadie en Europa va a apoyar una aventura secesionista dentro de la Eurozona y la UE. A mi no me preocupa la Grexit, me preocupa la Catalanoexit que es un riesgo que se está minusvalorando claramente. En apenas 2 meses podría ganar un frente –irónicamente la mejor forma para evitarlo es que Podemos siga teniendo tantos apoyos en Cataluña- que amenaza con una declaración unilateral de independencia. La debacle económica que se avecina en una futurible Cataluña en enfrentamiento abierto contra el resto de España, de la Eurozona y de la UE, sería gravísima (y sus consecuencias más graves que una Grexit, al menos para España). Espero que lo que ha pasado en Grecia sirva de ejemplo de lo que no hay que hacer y de lo caros que resultan los faroles en solitario.

Los mercados han reaccionado con optimismo al mal acuerdo para el tercer Rescate porque les da lo que quiere: dinero público para mantener las cosas como están. Otros riesgos han sido olvidados ante el riesgo de Grexit –que yo creo que sigue existiendo, sólo se ha aplazado- y ahora nadie los recuerda. La primera tormenta del verano ha sido intensa pero ya ha pasado. Desde que el Ibex tocó 10325 el 8 de julio el rebote ha sido de más de mil puntos aunque dudo que haya argumentos para que continúe. Wall Street –cerca de máximos históricos de nuevo- está pendiente de la temporada de resultados empresariales que de momento va bien, las primas de riesgo han bajado, el € está bastante tranquilo en torno a 1.09 –nivel que gusta en Europa y no preocupa en los EUA- mientras el crudo y las materias primas siguen en tendencia bajista (¿menos inflación, menor interés en subir tipos?) por el acuerdo con Irán y la rebaja en las previsiones de crecimiento mundial del FMI. Incluso en España, y con eso enlazo con la imagen del día, los analistas tienen la sensación de que el ritmo de la economía –que hay que reconocer es más alto de lo que se esperaba hace unos meses- va a perder fuelle los próximos trimestres:

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