El Título X de la Constitución prevé dos procedimientos de reforma constitucional: “ordinario” -en el artículo 167- y “cualificado” -en el 168-. La Constitución solo se ha modificado en dos ocasiones, y en ambas se siguió la vía del 167 ya que el del 168 requiere aprobación de la reforma por mayoría de dos tercios de cada Cámara, celebración de elecciones, aprobación del texto de la reforma por las nuevas Cámaras y ratificación del mismo en referéndum, es decir, está pensado para un cambio radical.

En agosto de 2011 y de forma tan rápida que ni siquiera hubo debate en sus respectivos partidos, ZP y Rajoy pactaron hacer un cambio constitucional “ordinario” que consistía muy resumidamente en:

Lo primero se ha incumplido desde entonces y lo segundo ya se daba por hecho antes pero se quiso dejar claro para, cara a la inversión foránea e incluso quizás al propio BCE, reafirmar nuestro compromiso con el pago de las deudas en un momento de desconfianza hacia España como emisor. No quiero dejar de citar parte de la nueva enmienda para que todos comprendamos lo “cara a la galería” que resulta: “El volumen de deuda pública del conjunto de las Administraciones Públicas en relación al producto interior bruto del Estado no podrá superar el valor de referencia establecido en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.” Precisamente el Tratado de Maastrich establecía es el límite en el 60% de ratio deuda/PIB, España ya está en el 100% e Italia lleva muchos años rondando el 120%…

¿Todo esto qué quiere decir? Que la polémica por un artículo de la Constitución que se incumple sistemáticamente –como pasa con la mayoría del texto de 1978- no tiene demasiado sentido: se hizo no buscando la sustancia sino la imagen. Eso no quita para que fuera algo muy criticable especialmente por las formas ya que con todos los cambios que necesita nuestra Constitución y todo el debate que debería provocar en la sociedad española, resulta que basta una conversación entre dos personajes –seguramente al menos uno de ellos convencido por otro extranjero- para de forma alevosa en agosto retocar un texto que no paran de repetir que es inviolable. Pero tampoco tiene mucho sentido que ahora se magnifique aquel cambio ya que en la práctica no supone nada.

Y digo que no supone nada porque el argumento de “hay que priorizar el gasto social antes del pago de la deuda” es muy bonito pero en la práctica es el mismo. Nuestros gestores son tan malos que necesitamos la deuda para poder pagar las pensiones o la escuela y la sanidad pública. Y eso va a seguir pasando mientras gastemos más de lo que ingresamos. Quienes comparan a España –y su billón de € de deuda- con pequeños países cuya deuda pública es casi toda deuda exterior manejada por fondos especulativos que la han comprado  con muchísimo descuento, se confunden. La deuda que emite España –y en ella se incluyen las de las comunidades autónomas, ayuntamientos y empresas públicas- cada dos semanas está repartida en muchos tenedores pero la mayoría son españoles. Y cada año se necesitan entre 100 mil y 150 mil millones sólo para pagar vencimientos de deuda anterior.

Los españoles tenemos prácticamente el mismo volumen de dinero depositado en los bancos que deuda pública tiene España. Si nuestros bancos tienen nuestro dinero invertido mayormente en bonos, acciones del Ibex y créditos a empresas y ciudadanos españoles, ¿Qué creéis que puede pasar si hay una gran crisis financiera? Exacto, podemos perder nuestros ahorros. Si a eso añadimos que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social está invertido en deuda pública española, resulta que nuestras pensiones también peligran. Así es el sistema, pero que quede claro: son nuestros políticos con su mala gestión los que nos han convertido en rehenes de la deuda, son ellos –con los votos de la mayoría que los han colocado ahí- los que mendigan dinero –a propios y a extraños- para poder mantener la maquinaria.

¿Puede provocar una grave crisis financiera la posibilidad de reestructurar nuestra deuda? Por supuesto el riesgo existe, no sería fácil conseguirlo sin daños y dado que hay mucho a perder hay que tener mucho cuidado. Mi postura es que dentro de la Eurozona no podemos unilateralmente decidir nada porque habiendo libertad de capitales es toda una invitación para que el dinero –español y extranjero- se largue de aquí. Promover una quita global me parece perfecto y ojalá lo estuvieran discutiendo ya pero sigue siendo un remiendo si antes no dejamos de gastar más de lo que ingresamos. Lo que tienen que hacer nuestros alcaldes, presidentes autonómicos y gobierno central es actuar como si no pudieran endeudarse, como si estuviera prohibido y debieran ajustar las cuentas a la perfección.

Acabo con una frase de un socialdemócrata de Suecia (modelo económico tan admirado por tantos) que resume perfectamente la gran verdad: