Una de las características de la globalización es que todas las grandes economías mundiales están implicadas entre sí. Si por un pequeño país como Grecia se tambalea la €zona y tiembla el mundo, es fácil entender que si España no paga sus deudas puede provocar la ruina de Alemania, que si Europa cae, Japón va detrás pues somos un gran mercado para ellos, que si Japón se hunde no podrá comprar más bonos norteamericanos lo que llevará a éstos al impago y que si caen los EUA se hunde el mundo económico global, incluido China y su gran cartera de activos en $ y que todas estas correlaciones funcionan también en cualquier otro orden.

En este gran mapa circular de fichas de dominó verticales ninguna pieza puede caer sin arrastrar a todas: hay que parar los temblores para que no haya un terremoto pero ¿es eso posible? Ahí soy optimista, aunque reconozco que falta coordinación y que existe demasiado nacionalismo en el mundo como para que las grandes potencias económicas acuerden soluciones globales, pienso que ante una catástrofe que pueda arrastrarnos a todos, por puro instinto de supervivencia esa ayuda internacional aparecerá. Y me refiero a que la FED actuará si teme una crisis bancaria en China, o el BCE ante un posible default de la deuda japonesa.

Por supuesto, crisis ocurrirán y desplomes bursátiles e impagos de deuda pero el sistema global, como se ha visto en esta gran recesión, puede sobrevivir a esos terremotos siempre y cuando todos mantengamos la confianza en el dinero emitido por los bancos centrales.Y es que mientras mantengamos la fe en que un papel con un sello anti-falsificadores o una anotación en cuenta tienen valor, esto puede funcionar aunque haya crisis financieras cíclicas.

Creo es una lección que las arriesgadas políticas monetarias de los últimos años nos han enseñado a todos. Podría ser que el sistema financiero se sostuviera por sí mismo pero de poco nos va a servir si dependemos para la economía real de un producto – combustibles fósiles- que se agota o cuya extracción es tan cara que sólo es accesible para unos pocos o si directamente empeoramos dramáticamente nuestro ecosistema.

Ahí sí puede venir una crisis sistémica, al igual que de una revolución social, de un conflicto geopolítico grave (que puede ser más probable de lo que parece) o de una catástrofe ecológica grave. De momento petróleo hay pero si la economía global vuelve a crecer como lo hacía antes de 2007 hay dificultades técnicas para poder producir mucho más de 90 millones de barriles al día –el consumo actual- sin unas inversiones multimillonarias que ya deberían haberse hecho.

Es evidente que el petróleo barato se ha acabado porque cada vez cuesta más conseguir algo que cada vez está más demandado por lo que aunque aún tarde décadas en acabarse, el petróleo podría provocar una crisis sistémica global. Necesitaríamos una revolución tecnológica que aún no se ha producido. La teoría del pico de Hubbert predice que la producción mundial de petróleo llegará a su cenit y después declinará tan rápido como creció, resaltando el hecho de que el factor limitador de la extracción de petróleo es la energía requerida y no su coste económico. Esto último significa que da igual que el barril valga 200$ ya que aún a ese precio puede no ser rentable, ¿Por qué? El motivo es que cuando empezaron las extracciones de petróleo a mediados del siglo XIX los inmensos campos petrolíferos aportaban unos 100 barriles –de crudo de alta calidad- por cada barril usado en la extracción, el transporte y el refino. Este ratio se denomina retorno de energía invertida y ha ido perdiendo eficiencia a lo largo del tiempo a medida que se explotan yacimientos cada vez más inaccesibles: actualmente se recuperan menos de 10 barriles de crudo por cada barril usado en el proceso.

La razón de estos rendimientos decrecientes es que, a medida que se seca un pozo, el petróleo de otro resulta más difícil de extraer cada vez. Esa disminución seguirá hasta que, llegado un punto, por cada barril invertido en la extracción solo se obtenga otro barril…

Por supuesto nadie sabe cuándo ocurrirá (y las predicciones realizadas hasta ahora han resultado erróneas porque por ejemplo la capacidad de refino actual es mucho mejor que en 1850) ya que depende de los posibles descubrimientos de nuevas reservas, el aumento de eficiencia de los yacimientos actuales, extracción profunda o la explotación de nuevas formas de petróleo no convencionales (como el controvertido fracking).

El año exacto del pico no podrá determinarse hasta que ya haya sucedido. Riesgos energéticos y riesgos ecológicos podrían acabar con el actual sistema económico antes que las crisis financieras. Sin embargo, son éstas la principal preocupación de nuestros dirigentes económicos y políticos.