¿Quién ostenta la autoridad en este planeta? O dicho de otro modo, ¿quién percibe el ciudadano que es el que manda en por ejemplo España? El gobierno estatal, el presidente autonómico, el alcalde…ellos son la autoridad y su mensaje es muy claro: “consumid, aunque tengáis que endeudaros, para generar más ingresos” No sólo no se fomenta el ahorro y la prudencia, no sólo jamás se pensó en educar al pueblo con nociones básicas de buena administración de los ingresos y los gastos, es que se fomenta desde todas las administraciones lo que ha originado la crisis: consumo desmesurado y endeudamiento. Por eso antes de la crisis se promovía el negocio inmobiliario sabiendo que sólo unos pocos no necesitaban hipotecas para pagar. Si ellos mandan y ellos hinchan y fomentan las burbujas, sólo un pequeño porcentaje de la población puede sustraerse a esa obediencia -que además apela a sentidos muy arraigados en el ser humano como por ejemplo el imaginarnos siempre un futuro mejor-, a esa fe ciega en que el que manda hace lo que hace porque sabe más que nosotros. Tremendo error, puesto que nuestros gobernantes han demostrado que miran más por el corto plazo incluso que nosotros.

La crisis nos ha enseñado –generalizando un poco- a no fiarnos ni de las agencias de rating ni del optimismo de los ministros de economía ni de las declaraciones de los bancos centrales sobre la salud de las entidades financieras.Sin embargo, los precios siguen reaccionando cuando un analista de una firma importante –que ni vio la bajada de 2008 ni el rebote de 2009- recomienda comprar o vender un valor y determinadas opiniones de “expertos” son capaces de insuflar optimismo o pesimismo con un titular –aunque tengan en su registro varias noticias falsas- lo que creo que demuestra que “los mercados” no son tan listos como la gente cree. De hecho, se suelen buscar explicaciones muy técnicas pero al final es la confianza y el miedo lo que determina sus movimientos. Y si el banco central de turno ayuda y los gobiernos destinan recursos del erario a cuidar la salud del sistema financiero, la confianza aumenta.

De hecho, todo el sistema económico mundial se basa en la confianza: desde el primer peldaño que es el creernos el valor del dinero (al fin y al cabo un trocito de papel) al último, que podría ser el confiar en las cifras económicas macro que publican los gobiernos y bancos centrales. La pérdida de la confianza es un abono perfecto para el miedo y por lo tanto para la volatilidad: mucha especulación y muy poca inversión. El 8 de septiembre de 2008 pasó una anécdota en el mercado bursátil americano: un rumor falso hundió las acciones de la compañía United Airlines hasta hacerlas perder un 76% en minutos. Aunque la compañía lo desmintió tardó horas en recuperar y aun así el precio de las acciones cerró perdiendo ese día un 11% lo que pudo afectar dramáticamente a sus 55 mil empleados. Más famoso fue el flash crash del 6 de mayo de 2010 que provocó un desplome del Dow Jones en unos minutos por 1 sola orden de venta de exagerado tamaño y el efecto bola de nieve que provocó. El miedo y la avaricia, instintos muy básicos y comunes a todos los humanos, son claves para entender el carácter cíclico de las crisis. Aunque hay que decir que la desconfianza puede ser algo creado por los erróneos comportamientos de quienes deberían dar ejemplo. Por ejemplo, si recordamos todas las declaraciones que se hicieron por dirigentes económicos y políticos, agencias de calificación, brokers, reguladores etc. antes de la quiebra de Bear Stearns y Lehman brothers o del colapso de Fannie Mae y Freddie Mac en 2008, podremos entender que el actuar histéricamente ante cualquier duda de la viabilidad de la compañía donde uno tiene dinero invertido, tiene cierto sentido.

Los medios también son responsables. Hay que recordar que The Times, The Telegraph y The Financial Times durante julio y agosto de 2007 no pararon de recomendar comprar las acciones de Northern Rock–primer banco europeo que tuvo que ser intervenido para evitar su quiebra- alabando su bajo precio y su alta rentabilidad por dividendo. Extraña el poder de los medios, a los que concedemos, por ser quienes trasladan la información de donde se produce a nosotros, más capacidades de las que realmente tienen lo que en los mercados se traduce en que algunos crean que un periodista de Alemania conoce la situación financiera real de España o que un columnista de la sección de bolsa vaya a conocer la evolución futura de un valor bursátil. Y es algo tan común que afecta a todos los niveles, un artículo de opinión del Wall Street Journal o del Financial Times sobre la economía española o la solvencia de sus bancos puede tener más impacto que la publicación de un dato macro o un resultado empresarial como se vio en los peores momentos de la crisis de la deuda de la €zona (2010-2012).

Una antiquísima leyenda cuenta que Sheram, príncipe de la india, quedó tan maravillado cuando conoció el juego del ajedrez, que quiso recompensar generosamente a Sessa, el inventor de aquel entretenimiento. Le dijo: “Pídeme lo que quieras”. Sessa le respondió: “Soberano, manda que me entreguen un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta, y así sucesivamente hasta la casilla 64″. El príncipe no pudo complacerle, porque el resultado de esa operación S = 1 + 2 + 4 + … + 263 es aproximadamente 18 trillones de granos. Para obtenerlos habría que sembrar la Tierra entera 65 veces. A veces pienso que a ciertos bancos les ha pasado como al príncipe del cuento, que primero han prometido el dinero y luego lo han calculado y resulta que no lo tenían ni había forma humana de que lo tuvieran. Lo mismo le pasó a los gestores despilfarradores –públicos y privados- que han tenido que traerlo del futuro vía deuda.

La base de una buena salud financiera, y cualquiera contable lo sabe, es no ir “tapando” las deudas a largo plazo con créditos a corto plazo. Sin embargo, eso es lo que han propiciado durante años, y siguen haciendo, los bancos centrales. Cierto que eso hizo posible el último gran repunte de la actividad económica mundial pero como comprobamos después, quizás no merecía la pena. Voy a explicarme: Un banco puede considerar una buena inversión comprar deuda a 10 años de la empresa “Constructonic” porque abona euribor+200 puntos y él puede usar esa deuda para conseguir financiación barata de BCE en las subastas de 3 meses, 14 días o en las inyecciones diarias extraordinarias con un gran beneficio. Quizás su objetivo no era ese pero el saber que puede recurrir a esa liquidez y ganarse un gran diferencial lleva a que aumente en exceso su balance con compras como esa. Es similar al particular que firma una hipoteca confiado en que le subirán el sueldo o que su casa mejorará de valor sin tener los recursos suficientes en el presente. Si “Constructonic” quiebra, la entidad financiera de repente tiene un agujero que cubrir y si ante la crisis no es posible captar dinero en los mercados de capitales, debe deshacer otras inversiones y si muchos bancos hacen lo mismo a la vez todo cae, la solvencia del sistema queda en entredicho. Lo hemos visto muchas veces ya que las crisis son cíclicas.

También la gente tiene su parte de culpa, la ambición humana, el que todos queremos más. Por supuesto hay más responsabilidad del ejecutivo bancario que por ganar más bonus arriesgó el dinero de sus clientes en inversiones de alto riesgo que del individuo que se compró un coche más grande para que su familia fuera más cómoda pero el origen es el mismo: nuestro inconformismo. Y el individuo que consiguió domeñar su propia ambición y no se endeudó en exceso es lógico que haya tenido más ventajas que el que no lo hizo, al menos a la hora de afrontar con más tranquilidad un posible despido o la pérdida de trabajo de su pareja. Eso sí, sería lógico pensar que cuando llega una crisis de las proporciones de la actual muchos inocentes se vean afectados pero a la vez que sirviera para poner a cada uno en su sitio. Pues eso no está pasando, a nivel corporativo pocos de los responsables de esta tragedia están pagando su culpa y está habiendo muy poca selección entre las grandes empresas (¿Cuántas han quebrado?) mientras las pequeñas en muchas ocasiones se han visto abocadas al cierre por causas ajenas a ellas como la crisis de crédito o el retraso en los pagos.

(falta como responsable/culpable el mal diseño de la Eurozona pero ese tema merece otro capítulo)