Lo primero de todo sería el saber qué es lo que se entiende por crédito rápido, antes de pronunciarnos sobre sus bondades o maldades.

Cuando hablamos de créditos rápidos nos referimos a aquellas operaciones de financiación en las cuales el plazo de aprobación o denegación es muy breve, lejos de las esperas de los préstamos tradicionales, siendo incluso casi inmediatos cuando la solicitud se realiza de forma telefónica o de forma online. Eso sí, la información que hemos dado deberá de ser confirmada por la entidad en la documentación que nos pidan y les remitamos.

Pero está claro que el elemento diferenciador frente a otros préstamos es la rapidez con la que se conoce la respuesta. Es por este motivo que este tipo de créditos rápidos son más proclives para financiar algo que, por la premura o por lo inesperado, hace que necesitemos en un determinado momento una cantidad de dinero de la cual no disponemos pero que necesitamos con urgencia.

En ese sentido es lógico el pensar que la premura en la respuesta y la disponibilidad del dinero solicitado de forma rápida, deberá de poseer un coste superior que el de los préstamos tradicionales. Y en parte es verdad y en parte no. Depende mucho de la finalidad de la operación para que podamos decir si son operaciones más caras que otras.

El tipo de interés TAE es una de las claves para condenar o absolver este tipo de financiación. Si necesitamos una cantidad determinada puntual, digamos 1.000 euros y la necesitamos ya, en el momento, pero sabemos que en un par de meses la vamos a devolver, podemos optar por ejemplo por el ‘Crédito Ya’ de Cofidis, que permite solicitar entre 500 y 1.500 euros. Pero en estos productos para sacarle rentabilidad la entidad es cuando aplica TAE elevadas como en este caso un 22,12% TAE. No obstante por ejemplo, este producto permite devolver el dinero solicitado en 4 años. Sería muy similar a utilizar el crédito y devolverlo en 4 años, actuación nada aconsejable por el importe de los intereses que acabaríamos pagando al final del plazo.

La misma entidad financiera, en cambio, ofrece condiciones mucho más competitivas para la reforma de nuestra casa; podemos ver el Crédito Proyecto Reformas del Hogar, también de Cofidis. Desde 4.000 euros a 15.000 permite al cliente obtener financiación para realizar reformas en el hogar con un plazo máximo de devolución de 6 años. En este caso la TAE es moderada ya que hablamos del 7,95% que, comparado con los préstamos personales de hoy en día resulta más barato.

No es que estos productos sean todos caros, sino que una mala elección a la hora de contratarlos para lo que lo necesitamos es lo que realmente hace o convierte a estos créditos rápidos en más caros de lo normal.

Hablando de competidores, el uso de la tarjeta como opción es más cara que este tipo de productos, ya que las entidades suelen cobrar un tipo de interés sobre el capital aplazado que suele andar por el 2% mensual, lo que se disparará a una TAE de más del 24% año. Y aquí sí que da igual la finalidad para la que necesitemos el dinero, ya que el tipo de intereses el mismo.

El Crédito Rápido de BigBank, por ejemplo, con un tipo del 9% TAE se nos antoja otra interesante oferta en créditos rápidos; sin embargo, hay que leer siempre la letra pequeña. Muchas veces este tipo tan competitivo acaba siendo mayor, en base a un diferencial que añaden en función del riesgo que nuestro perfil les supone.

De todo esto se pueden obtener una serie de conclusiones que harán comprender, mejor si estos productos son los que realmente necesitamos.

Siendo conscientes de para que se necesita el dinero, así como del plazo para devolverlo, estos créditos no tienen porque ser más caros que otros productos de financiación tradicional. Lo importante es tener claro que el dinero que pedimos lo tenemos que poder devolver y que lo pedimos para una finalidad con sentido. Pedir créditos rápidos para hacer frente a otros préstamos o hipotecas es el pasaporte seguro a la ruina financiera.

José Luis del Campo Villares, iAhorro.com