Cuentan que cuando en 1995 El Corte Inglés se quedó con todos los activos de Galerías Preciados alguien le preguntó a su presidente, Isidoro Álvarez, por qué no vendía algunos de los locales de G.P. que más cercanos estaban a los del E.C.I., que no parecía rentable tener en pocos metros dos grandes almacenes. Dicen que el todavía presidente contestó que era mucho peor negocio que a tan corta distancia se instalara la competencia. Siguió la misma teoría cuando, sin necesitar el espacio a priori, se quedó con los céntricos locales que dejó Mark & Spencer al abandonar su negocio en España.

El otro día hablaba con alguien que está en la tesorería de una de las entidades del FROB que actualmente está a la venta y me decía lo mismo: ¿Cómo es posible que no nos quieran comprar aunque sólo sea para que no nos compre alguien de la competencia? Y además el insiste en que a día de hoy su caja es un buen negocio. Me resumió:

Así pues, una vez en el capital toda la ayuda procedente de la UE, son una entidad saneada con un negocio bancario que tradicionalmente siempre ha dado beneficios. “¿Por qué entonces le está costando tanto al FROB vendernos” me decía. Claro, él está preocupado porque sabe que lo más rentable para el estado sería liquidar el sitio donde trabaja y aunque confía en que no lo vayan a hacer por una cuestión de trasmitir confianza al cliente de nuestro sistema financiero, está deseando –como imagino la mayoría de trabajadores- que se aclare su futuro.

Él me insistía en que no entendía que el resto de bancos “sanos” españoles y extranjeros no vieran el buen negocio que sería comprarlos. Y yo me creo sus argumentos pero él tampoco me supo responder a por qué entonces el FROB tiene tanta prisa en vender. Y no, la respuesta no es que Europa tiene prisa porque según el acuerdo de rescate con reducir su estructura –algo ya previsto y que en teoría proporcionará una mayor rentabilidad- se puede aguantar hasta 2017 y mientras recaudar los “previsibles ganancias operativas”. El caso es que el estado quiere vender sin esperar 4 años y muy pocos quieren comprar y de momento ninguno está dispuesto a pagar el precio, ¿Por qué?

Yo creo que la única respuesta lógica es que tanto el gobierno como los posibles compradores tienen poca confianza en el futuro de nuestra economía y no esperan beneficios en el corto plazo. Temen que los activos inmobiliarios no traspasados al Sareb se deprecien, que la cartera de deuda necesite más provisiones, que pueda volver el pánico y los clientes huyan de la entidad y que el negocio bancario tradicional genere pérdidas por el aumento de la morosidad. Y encaja con los hechos conocidos: el precio de la vivienda sigue bajando, el Tesoro emite de más en enero porque espera que el resto del año sea más difícil y más caro hacerlo, la calma en los mercados financieros se puede perturbar con cualquier fotocopia (o un inesperado resultado electoral en Italia), el paro –y con ello casi seguro la morosidad- sigue creciendo… Si no, ¿qué otra explicación hay?

Como soy el primero que preferiría equivocarme en mi respuesta, ahí va otra: la codicia. Los posibles compradores han sido testigos del proceso por el cual con miles de millones de dinero público se saneaba Banco Valencia para vendérselo por 1 € a la Caixa y cómo ésta ha prácticamente desmantelado el banco quedándose sólo con los activos sanos y la cuota de mercado gratis… y ahora no aceptan otro trato para comprar algo al FROB que no sea un chollo similar. Al fin y al cabo, Sareb dice que no ha recibido ni 1 € de fondos extranjeros porque exigían unas condiciones demasiado buenas para ellos. Si esta es la verdadera razón, es algo más tranquilizadora…