Imaginaste un contador gigante, de esos que giran sin parar sumando números a lo bestia. Cada 32 segundos, un nuevo millonario en dólares aparece en el mundo. No exagero: durante 2025 se crearon casi un millón de millonarios nuevos, a un ritmo de unos 2.680 al día. Mientras usted desayuna, se hacen ricos unos cuantos. Mientras duerme, unos cuantos más. Es la conclusión más llamativa del Global Wealth Report 2026 que UBS —el mayor banco de Suiza— publicó este martes, y que se ha convertido en la radiografía anual más completa de quién tiene el dinero en el planeta.
Los titulares se los ha llevado la cúspide de la pirámide. El número de milmillonarios ha subido un 13,1% hasta un récord de 3.302 en el último año, impulsado por el fuerte crecimiento en Estados Unidos y Asia. Y no solo son más: son mucho más ricos. Los milmillonarios aumentaron sus activos totales un 25% en el año hasta abril de 2026, superando el ritmo del crecimiento de la riqueza mundial. Para hacernos una idea del club más exclusivo del exclusivo: el banco registró 18 individuos con una fortuna de entre 50.000 y 100.000 millones de dólares, y otros 19 por encima de los 100.000 millones, 15 de ellos radicados en Estados Unidos.
La marea que subió (casi) todos los barcos
Antes de encender las antorchas conviene reconocer que no todo es concentración. La riqueza personal global se disparó un 10,8% en 2025, su mayor aceleración desde 2017, eclipsando las subidas del 4,6% de 2024 y del 4,3% de 2023. Es el tercer año consecutivo al alza y, ojo al dato, el crecimiento fue más fuerte en Europa, Oriente Medio y África (EMEA), con un 17,5%, seguido de las Américas con un 8,5%. España, sin ir más lejos, no se quedó fuera de la fiesta: Francia, España, Japón e India sumaron cada uno más de 30.000 nuevos millonarios.
Aquí conviene un asterisco poco glamuroso pero honesto. Parte de la subida es un espejismo contable: como los datos se miden en dólares, una porción del incremento se explica por la caída relativa de la divisa estadounidense el año pasado, que infló el valor de los activos mantenidos en otras monedas. Traducido: si su casa vale lo mismo en euros pero el dólar se ha debilitado, sobre el papel usted es más «rico» sin haber movido un dedo. Cosas de contar el mundo en billetes verdes.
El detalle incómodo: la mediana se cae
Y ahora, el aguafiestas del informe. Detrás del titular deslumbrante hay un dato que los propios autores de UBS llaman «la mosca en la sopa». Pese a lo que el banco describió como una «mejora generalizada del nivel de vida», apoyada en el alza de activos no financieros como el inmobiliario, los datos revelaron una desigualdad económica cada vez más profunda: la riqueza mediana cayó en la mayoría de los mercados globales.
La distinción es clave y merece un segundo. La media es engañosa: si Amancio Ortega entra en un bar, de media todos los presentes son multimillonarios, pero nadie ha visto un euro más en su cuenta. La mediana —la persona que está justo en el centro de la fila— es un espejo mucho más fiel del ciudadano de a pie. Y esa persona del medio, en la mayoría de países, terminó 2025 con menos patrimonio que al empezarlo, aunque el promedio se disparara.
¿Por qué? La respuesta la dio, casi sin querer, el economista de UBS James Mazeau en la rueda de prensa: «En los países donde hay mucha participación en el mercado de renta variable, esto está provocando un aumento de la riqueza.» Ahí está el truco. Quien tenía acciones cuando las bolsas volaron en 2025, voló con ellas. Quien no tenía cartera —la mayoría— se quedó viendo el espectáculo desde la acera.
De pirámide a peonza: los «hermanos mayores»
El informe de este año trae una metáfora que da para pensar. Durante décadas, la riqueza mundial tenía forma de pirámide: una base enorme de gente con poco o nada, y una punta finísima de superricos. Pues bien, esa base se ha adelgazado de forma espectacular: la proporción de adultos con menos de 10.000 dólares en patrimonio pasó de casi el 75% en el año 2000 a poco más del 41% actual. La pirámide se ha convertido en algo más parecido a un diamante o a una peonza, con una clase media patrimonial cada vez más gorda.
Pero cuidado con confundir «peonza» con «justicia». El colectivo que de verdad ha pisado el acelerador es el que UBS bautiza como los «hermanos mayores»: los milmillonarios de andar por casa, con fortunas de entre 5 y 100 millones. Desde el año 2000, su riqueza colectiva se ha revalorizado en términos reales a un 8,7% anual, más del doble que el 4% de los millonarios corrientes. Y si buscamos el campeón absoluto de la clase, lo encontramos en Oriente: en China continental, el cohorte de los 50 a 100 millones de dólares lleva creciendo casi un 31% anual desde el año 2000. A ese ritmo, el dinero no crece: se multiplica como los conejos.
El contrapunto más brutal lo pone otro estudio citado en el mismo contexto: apenas 56.000 individuos ultrarricos —el 0,001% de la cima— controlan hoy más riqueza que los 4.000 millones de personas más pobres del planeta juntas. Que lo lea dos veces: cabrían todos en un estadio de fútbol mediano, y pesan más que media humanidad.
¿Y ahora qué?
El economista jefe de UBS, Paul Donovan, deja caer una pista sobre lo que viene. Con la desigualdad «cada vez más visible bajo el foco de las redes sociales», según sus palabras, apunta a que los gobiernos probablemente buscarán movilizar la riqueza para abaratar el coste de financiar su deuda. Que nadie se sorprenda, pues, si en los próximos presupuestos vuelve a asomar el debate sobre impuestos a las grandes fortunas: cuando el pastel crece tanto en tan pocas manos, la tentación política de meter la cuchara es casi irresistible.
Mientras tanto, el contador sigue girando. Otros 2.680 millonarios habrán nacido antes de que termine el día. Y sí, es matemáticamente probable que ninguno de ellos sea usted. Pero anímese: al menos, si tiene la casa en propiedad, puede que el dólar débil le haya hecho un poco «más rico» sin enterarse.
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