Contrariando a la estadística de octubre, semana tranquila en los mercados financieros, una vez más más pendientes de lo que puedan hacer los bancos centrales que de los datos económicos y con el foco en España. El viernes pasado conocimos los enésimos stress test a la banca si bien esta vez fue al conjunto de las entidades financieras españolas y su resultado, aún dentro de lo esperado, se puede calificar de positivo ya que concluyó que de la línea de crédito en ventajosas condiciones que Europa aprobó para la banca española –y de la que aún falta conocer muchos detalles- por 100 mil millones sólo harán falta 40 mil. De esta forma, tarde (con al menos 4 años de retraso) y mal (porque necesitamos un rescate para ello) se pretende recapitalizar a un sector que la mayoría de países de nuestro entorno ya saneó –en su mayor parte- hace tiempo y el gobierno confía que gracias a ello comience a dar créditos y estimular la dañada economía española. Por desgracia, si se examinan las cifras se determina con claridad que los resultados de Oliver Wyman no son tan tranquilizadores como se pretende mostrar. Mi principal crítica es que hace algo tan extraño como determinar un tier más bajo obligatorio al escenario más adverso (del 9% que exige en el escenario base al 6% en el peor) y de este modo ocurre algo tan contradictorio como que hay bancos que necesitan menos capital si las cosas van peor.

Hay otros peros como por ejemplo la falta de independencia, el no tener en cuenta el impacto de la cartera de bonos españoles si nuestra deuda es rebajada a basura por las principales agencias de ráting o si el escenario más adverso en realidad no es tan pesimista como debería serlo. También tengo dudas sobre el precio al que se tienen revaluadas las participaciones accionariales de bancos y cajas en empresas (acordaos del ejemploMetrovacesa) o lo poco realista que me parece su previsión de beneficios –que fallará ya en 2012- pero aparte de todo esto, que creo son objeciones comunes también a los stress test que se han hecho en otros países, hay tres puntos que conviene resaltar:

Y qué decir de la economía mundial, que para salvarse de una crisis –la de las .com que hoy sabemos fue pequeña- creó una mega-burbuja cuyo estallido sólo es comparable a la Gran Depresión de 1929. Bernanke entonces apoyó la política errónea de Greenspan que ayudó a hinchar esa burbuja y la FED, en la que él era una pieza muy importante, no hizo bien su labor y falló clamorosamente en la supervisión del sistema financiero. Pero como pasa en España, en la que hay muchos dirigentes hoy que en su día negaron la burbuja  inmobiliaria, Bernanke es hoy el banquero más poderoso del planeta a pesar de su currículum. Y si todos los que mandan en el mundo se han empeñado en intentar salir de la crisis sin cambiar nada sustancial, Bernanke demuestra que no ha aprendido de la experiencia y sigue sin valorar el riesgo que conlleva el exceso de liquidez de fácil acceso. Por ejemplo, Japón lleva más de dos décadas de crisis y su nivel de vida sigue siendo muy alto y su tejido industrial ejemplar –y que ya tenía hace 25 años- pero evidentemente no soluciona sus problemas y antes o después deberá responder por su altísima deuda pública (200% del PIB) y ostenta el récord de QE (ocho). Y a pesar de que su tasa de paro es baja, si hablamos de crear empleo, excusa de la FED para sus QE, podemos ver cómo más de 20 años después la tasa de desempleo pre-crisis cada día está más lejos, algo que no ha ocurrido en otros países¿Cómo es posible que sigamos insistiendo en la solución japonesa?

Y como en el resto del mundo, en Europa no aprendemos tampoco de los errores y estamos todos esperando el rescate español que a la vez que parece inevitable –y los mercados se alegran cuando lo creen inminente-, despierta cada día más recelos. No me extraña, en cuanto España lo pida y se lo concedan, el siguiente será Italia y eso para mi significa que ya se habrá completado el inicio del final del proyecto €zonero y empezará la cuenta atrás. Las consecuencias serán imprevisibles pero no debemos sorprendernos de que ocurra, es evidente que los actuales dirigentes europeos sólo han defendido la bandera del “más Europa” como forma de aminorar las tensiones en los mercados pero en realidad no creen en ello ya que si tuvieran esa convicción no hubieran esperado a la crisis para empezar a reducir tímidamente los poderes nacionales en favor de la Unión. De hecho, a pesar del miedo a las consecuencias de la ruptura –tan presente entre los inversores que esta semana hasta Bélgica ha emitido letras a 3 meses con tipos negativos- aún no hay suficiente consenso. Y mientras, los datos económicos que aparecen en nuestro continente indican claramente recesión.

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