Mañana empiezan los Juegos Olímpicos de Londres, esos que casi casi se celebran en Madrid. Una oportunidad para olvidarnos de ciertos temas y disfrutar y descubrir algunos deportes. Veamos algunas anécdotas que nos han dejado anteriores ediciones:

Otra curiosidad más es que las olimpiadas dejan un rastro de bancarrota y destrucción dondequiera que van. Desde Grecia a China, pasando por España y más allá, enormes infraestructura inútiles, ruinosos costes y horas de trabajadores mal gestionadas resuenan ruinosamente durante décadas.

Se suele decir que las olimpiadas representan lo mejor de los esfuerzos físicos de la humanidad, ya que la gloria se televisa, pero el derroche se oculta.

Los enormes desembolsos que respaldan los «Juegos» sencillamente no se habrían gastando si no tuvieran lugar. No solo eso, sino que no se reutilizarán la mayoría de las infraestructuras olímpicas. Veamos que contaba el USA Today hace poco:

¿Bendición o descalabro? Los londinenses se dividen ante el impacto olímpico… Cuando los londinenses supieron que albergarían a las olimpiadas de verano de 2012, la ciudad entró en erupción. Miles celebraron la noticia en Trafalgar Square, anunciada en julio de 2005, de que la ciudad por poco superó a su archirival París para celebrar los honores. Los trabajadores lo celebraron delante de sus oficinas de televisión, y la reina envió sus más «calurosas felicitaciones»…

«Gran Bretaña es genial», declaró The Daily Telegraph. «¿Quién se ríe ahora Sr. Chirac?» se regodeaba el Daily Mail, refiriéndose al líder francés Jacques Chirac. Siete años y una devastadora crisis económica después, el júbilo ha sido reemplazado por inquietud.

El resentimiento de los costes de 14,8 mil millones de dólares ha crecido a medida que el desempleo británico, que ahora se encuentra en un máximo de los últimos 16 años del 8,4%. Los Juegos, que comienzan el 27 de julio, ya no son alabados como un símbolo de posición. En cambio, los funcionarios del gobierno están promocionando las olimpiadas como algo más importante: las salvadoras de la maltrecha economía británica.

Los Juegos traerán 1,6 mil millones para los negocios británicos y son «de vital importancia» para que el país «recupere el crecimiento sostenible», declaró el Primer Ministro David Cameron en enero. La competición, que finaliza el 9 de septiembre, con la clausura de las paralimpiadas, «no consiste en seis semanas de deporte», sino en «seis semanas de beneficios empresariales», según comentó el ministro de cultura y deporte Jeremy Hunt al The Daily Telegraph en diciembre, añadiendo que los Juegos serían un «enorme signo más» para los resultados económicos británicos.

De hecho, los Juegos no serán una bendición para la economía británica. Cuando los edificios y otras mejoras físicas se generan por una verdadera demanda, los resultados se mantienen y la gente se enriquece. Pero no hay nada legítimo en las olimpiadas en lo que respecta a la necesidad económica.

Es como una subida de azúcar, breve y potente pero que conduce a una caída inevitable, incluso a una depresión local. Los recursos destinados a respaldar a 10.000 deportistas montando en bicicleta, nadando y corriendo, tienen poco que ver con lo que una economía ordinaria demanda.

En la medida en que los bancos centrales filiales del gobierno imprimen dinero bajo petición, este tipo de despilfarros se levantan con facilidad. El resultado, sin embargo, es la diseminación de mucho dolor, porque supone un precio en lo que a inflación y la resaca de los recursos dilapidados se refiere.

El artículo de USA Today advierte de que los propietarios del teatro de Londres pueden encontrarse con asientos vacíos porque los turistas convencionales eviten la ciudad. Los organizadores ya han cancelado el mayor festival de arte al aire libre británico. Las empresas se verán obligadas a asumir grandes gastos para afrontar estos innecesarios espectáculos olímpicos.

Podría ser que las olimpiadas siguieran su curso. Después de varios fracasos municipales en el mundo combinados con la interminable y horrible crisis económica, la gente ya ha tenido suficiente. El artículo cita una encuesta de enero de 2012 para ITV, en la que solo el 30% de los británicos encuestados afirmaron que pensaban que los pros de las olimpiadas superaban los contras, en particular, cuando se trataba de beneficios económicos.

Quizás este sea el mejor ejemplo de la «política de crecimiento» que muchos sugieren como receta para la crisis y en contraposición a la austeridad, pero como hemos comentado antes, este crecimiento se debe a una dieta rica en «azúcares» la cuál es muy sabrosa al principio pero puede llevarnos a una diabetes incurable. La políticas de crecimiento han de orientarse hacia el crecimiento económico y mejora de la competitividad, una receta no tan rica pero sí más saludable. Ya lo experimentamos en nuestras carnes con el famoso Plan E que todavía estamos pagando hoy.