He vivido “de primera mano” algunas de las más grandes caídas del mercado en las últimas décadas. Por ejemplo, recuerdo claramente el derrumbe intradiario del 13,79% que el NASDAQ sufrió el 4 de abril del 2000. Ese día abrió en 4089,78 puntos y tuvo un mínimo de 3525,44, aunque se recuperó antes del cierre. Recuerdo también la caída de -9,03% en el S&P 500 el 15 de octubre de 2008 y la del casi -8% del Dow Jones Industrial apenas un par de meses después, el 1 de diciembre del mismo año. Esos días se marcaron en mi memoria para siempre. Podría responder qué estaba haciendo exactamente en cada uno de esos momentos como quien puede responder qué estaba haciendo cuando mataron a Kennedy o el 11-S.

Pero nunca había experimentado nada parecido a lo ocurrió el 6 de Mayo de 2010.

La mayoría de las acciones que cotizan en los mercados NYSE, NASDAQ, AMEX y el resto de los mercados regionales americanos sufrieron ese día y en 5 minutos, caídas que fueron desde el -9.20% en el caso del SPY (siglas que pertencen a un fondo que replica el movimiento del S&P 500 y que puede ser comprado como si fuese una acción en el mercado, y es a su vez  uno de los papeles que tiene mayor liquidez en el mundo), pasando por 37% de caída para las acciones del conglomerado americano  Procter & Gamble Co. (que cotiza con las siglas PG)  hasta el -99% de ECH (idem que SPY pero para la bolsa de Chile). Tomando el valor de apertura en torno a los 10.862.30 puntos hasta su mínimo de 9872.57 -alcanzado en esos infernales 5 minutos- el Dow Jones Industrial Index cayó casi mil puntos, su mayor caída nominal desde el famoso lunes negro del 19 de octubre de 1987, conocido como el crash del 87, cuando el índice derrapó -22,60%.

Según la cadena CNBC el bajón fué causado por un error ortográfico cometido por un operador de un agente de bolsa importante que, en una operación de venta de acciones de PG, habría escrito una “b” de “billion” (miles de millones) en lugar de una “m” de “million”.

La explicación siempre me sonó ridícula. Es una buena escena para una película de Matt Damon pero no para el Wall Street real.  Lo acontecido tuvo más que ver con cuestiones técnicas relacionadas con los Dark Pool Liquidities y el High Frecuency Trading. Poniéndonos un poco más inquisidores, mi teoría es que Estados Unidos vivió en aquel entonces su primer ataque terrorista informático de gravedad por parte de los fundamentalistas talibanes, con pérdidas materiales incluso mayores a las de las 11 de septiembre de 2001.

Los Dark Pool Liquidities -algo así como Grupos Oscuros de Liquidez- son un sistema de operación creado por inversores institucionales que no se encuentra visible para los inversores minoritarios. Pero no se lo llama dark solamente por su falta de visibilidad para el conjunto de los inversores: muchas veces el operador que rutea su orden a través de ellos no puede ver cuál es el mejor precio de compra de ese momento, por lo cuál debe operar “a ciegas”, confiando en que el mejor comprador estará relativamente cerca del último precio ejecutado.

Esta modalidad de ruteo debería ser accesible para todos los inversores y sus estadísticas deberían publicarse como ocurre con el resto de los sistemas, pero por esas contradicciones que tiene la bolsa americana (que se jacta de ser “la más transparente del planeta) sus usuarios negocian entre sí dentro de un “agujero negro” en donde nadie sabe a ciencia cierta lo que pasa.

Por otro lado, tenemos a la High Frecuency Trading, un tipo de operatoria en donde las computadoras son las encargadas de tomar las decisiones basadas en la información que reciben de manera electrónica, en un tiempo inferior al que le llevaría a un ser humano procesar los datos y operar.

Esta operatoria hace que las computadoras terminen comprando y vendiendo acciones por su cuenta en nanosegundos, muchas veces utilizando algoritmos matemáticos que deciden aspectos como el timming, el precio o la cantidad de acciones a operar sin la intervención de los seres humanos.

Hacia el 2006, un tercio de todas las operaciones realizadas en los mercados de acciones americanos estaban basadas en programas automáticos computarizados. Tres años después, las operaciones de High Frequency Trading tuvieron un crecimiento espeluznante: concentraban el 73% del total del volumen operado.

El 6 de mayo de 2010, apenas pasadas las dos de la tarde, las acciones de Procter & Gamble (PG) comenzaron a caer misteriosamente. Mi teoría es que los talibanes eligieron las acciones de esta multinacional (un símbolo del consumismo) como blanco, repitiendo el esquema del ataque a las Torres Gemelas: la caída de este stock arrastró al resto en forma sorpresiva y violenta, mientras la humareda cubría los ojos de los traders que no pudimos hacer más que mirar asombrados lo que sucedía.

Al poner los terroristas billones de acciones de Procter & Gamble en venta “al mejor comprador” -a precios de market-, las órdenes de compra que estaban cargadas por debajo del precio de ese momento (62 dólares) fueron ejecutadas una por una, hasta que todas las acciones vendidas fueron “calzadas”, lo cuál ocurrió a un valor de 39.37 dólares.

Ese precio nunca fue alcanzado en el mercado NYSE, que se paralizó por 90 segundos: el tiempo que permite a las partes establecer de una forma ordenada el precio de la acción. El problema se intensificó cuando las computadoras buscaron liquidez en plataformas como el NASDAQ, produciendo el derrumbe también en esa plaza.

Mirando Blomberg TV, el canal de información financiera más mirado del mundo, pude observar que en  los minutos posteriores al derrumbe, para mi sorpresa, las imágenes mostraban a un grupo de diez personas en Grecia tomando café, charlando y deliberando sobre las movilizaciones programadas de “resistencia al ajuste” para el día siguiente. Los videos del mercado eran de cuarenta y cinco minutos después, cuando todo se había tranquilizado un poco y comenzaba el rebote. Sin dudas, algo extraño sucedió con uno de los proveedores de información financiera más importante del mundo, algo con un extraño tufillo a censura.

La baja tan pronunciada de PG (37% en instantes) hizo que bajara fuertemente el Dow Jones Industrial y el S&P 500, de los cuales PG forma parte. A su vez, esta caída de los índices hizo que saltasen los stops loss de otros papeles que también cotizan en ese índice.

Pero al caer PG en forma tan violenta y arrastrar a los índices en la debacle, primero las órdenes stops contingentes comenzaron a ejecutarse y luego las computadoras emitieron órdenes de venta con el High Frecuency Trading acelerando así la baja.

A su vez, muchos inversores que operan con leverage, es decir tomando dinero de los brokers y dejando sus acciones en garantía. Cuando las acciones que tienen en garantía caen, los brokers producen los marging calls* pidiendo a sus clientes que repongan capital como garantía o vendan las posiciones. Cuando esas llamadas no son contestadas, el borker tiene el derecho a vender la posición de los clientes a cualquier precio para reponer garantías.

Por lo tanto, los marging calls comenzaron a saltar, y como no hubo tiempo de hacer nada en cinco minutos, los brokers o sus sistemas operativos, salieron a vender a precios de mercados las acciones de sus clientes “apalancados”.

Muchas de estas órdenes fueron ruteadas automáticamente mediante Dark Pool Liquidities sin tener idea de donde estaban los compradores, que, producto de la caída, habían sido desplazados a precios muy lejanos a los últimos operados.

De esta manera,  los talibanes lograron que la combinación en cuanto a la activación de los stop loss y los marging calls junto con el ruteo mediante High Frecuency y Trading en Dark Pool Liquidities generase un “efecto mandada” en el trading electrónico que propició una desaparición momentánea de la liquidez en la plaza poniendo en jaque por segundos al sistema bursátil americano, y que podría haber terminado en un crash mayúsculo si no fuera porque los organismos oficiales inyectaron en forma veloz toneladas de dinero con los cuales compraron acciones devaluadas y levantaron rápidamente su cotización.

Al ver que alguien fuerte estaba comprando, la mayoría de los traders alrededor del globo, o por lo menos, los que no habían quedado shockeados después de lo que acababan de ver, compraron los papeles que más habían caído, primero en forma tímida y luego más agresivamente, pudiendo realizar unas ganancias más que interesantes para un solo día.

El ataque no volvió a repetirse desde entonces, y jamás se dio un explicación oficial sobre lo acontecido. Pero  ya lo sabemos: hoy en día existe una ampliación del campo de batalla y las guerras ya no se libran solamente con bombas y combates cuerpo a cuerpo, sino que también las monedas, las finanzas y los mercados pueden convertirse en cañones y misiles teledirigidos.

La fragilidad del sistema informático bursátil quedó en evidencia y es probable que este haya sido solo un primer aviso por parte de los talibanes, un rugido de león demostrando lo que son capaces de hacer.