Esta semana hay mucho que comentar sobre los mercados, tanto que creo que todos los lectores más o menos están ya informados de lo que pasa. Sin embargo, más allá de la subida y bajada de la prima de riesgo, la caída y subida de la bolsa, la confirmación de la recesión en España, el déficit desbocado, el empeoramiento general en nuestra área económica, el optimismo de la FED etc. echo de menos que se hable de un gran problema –causa y consecuencia de todo lo demás- que ahora mismo padece nuestro país: la “fuga” de capitales. El dinero se está largando de España, tanto el de los inversores extranjeros que están deshaciendo posiciones inmobiliarias, bursátiles –de ahí que durante meses subieran todas las bolsas y bajara la nuestra- y en el mercado de deuda, como el de muchos nacionales que están invirtiendo en activos en el exterior como el de los millones de hogares españoles que ven volatilizarse su patrimonio inmobiliario y bursátil. Por supuesto, es peor la tragedia del paro pero si el que tiene algo de capital ni consume ni invierte, la economía se paraliza. Con todo, lo peor una vez más es la deuda, los españoles seguimos tan apalancados como estábamos a finales de 2007 y nuestras empresas también y eso supone que muchos créditos vivos están avalados por activos cuya depreciación puede hacer que sea necesario convertirlos en dinero y vender a la desesperada cuando menos interés inversor hay.

Excluyendo las entidades financieras, las empresas del Ibex 35 a fines de 2011 tenían una deuda neta de 226 mil millones de euros. Esto ha implicado, debido a las fuertes caídas de 2012, que muchos valores del Ibex deban más de lo que vale su capitalización bursátil luego no podrían cumplir a día de hoy con sus deudas aunque vendieran todas sus acciones. Esta obligación de vender –o el miedo a tenerlo que hacerlo como le pasó a ACS con parte de sus acciones en Iberdrola- explica en gran parte el descalabro de la bolsa la semana pasada y este lunes aunque la deuda no empeorara tanto y hay miedo a que no haya acabado –a pesar de los rebotes de estos días- ya que todo está relacionado. Si baja Repsol, baja Caixabank que es su accionista y si necesita liquidez puede que tenga que vender sus acciones en BME lo que puede afectar al BBVA que también es accionista de Repsol y podría verse obligado a vender también, cerrando y acelerando el círculo… o la bajada de Iberdrola afectar a Bankia que para compensar pérdidas podría vender parte de lo que tiene en Indra lo que podría afectar a Corporación Financiera Alba que además es accionista de ACS que podría verse obligado a vender aún más Iberdrolas… Y como muchas de estas participaciones están compradas con créditos pignorados y casi todas están relacionadas entre sí, a mayor caída más riesgo de caída. Por eso se hace necesario que no se pierdan los mínimos de esta semana.

De todas formas, aunque la buena temporada de resultados en los EUA –Apple de nuevo fue la estrella- y la sobreventa tras la fuerte caída del lunes hayan devuelto la esperanza, la bolsa sigue teniendo un mal mes y la española un muy mal año. El Ibex ha reaccionado muy bien haciendo un doble suelo con los mínimos de 2009 pero la condición de la que hablaba hace algunas semanas de subir tras las caídas generales con más fuerza que el resto de índices sólo se cumplió un día -el martes- y el jueves de nuevo volvió a ser el «patito feo» y bajó cuando los demás subieron. Sigo creyendo que estamos en un entorno especulativo ideal para movimientos rápidos pero no para inversores. No ya porque la próxima semana comienza ( “sell in may and go away”) el peor semestre del año por estadística que podría restar impulso global a los índices, sobre todo porque para mí la €zona está muy enferma y es un riesgo estar invertido: la inquietud ante lo que puede avecinarse está cada vez más justificada. España está muy mal, no hay duda de ello y no necesitamos que S&P nos rebaje el ráting para saberlo, pero tampoco están bien los demás y nuestra unión no es lo bastante fuerte como para que algún país con problemas asuma voluntariamente los nuestros; somos demasiado grandes e Italia, que aún lo es más, está en una situación similar. Y lo que puede venir no es el posible rescate a España, algo que sigo pensando es inasumible, sino la ruptura de la €zona, el fin del € y una vuelta a una nueva moneda muy devaluada. En pocos días la condición moribunda de la €zona de la que tanto he hablado desde hace muchos meses se ha hecho aún más palpable. Es tan frágil que con cada nueva elección en cada país tiemblan los cimientos de toda la Unión.

Esta semana hemos conocido que ni Francia ni Holanda van a tener a corto plazo gobiernos que puedan tomar decisiones drásticas: uno se va a ver abocado, si gana Hollande –que ya ha dicho que no va a ratificar el actual pacto fiscal- como se espera, a nuevas elecciones parlamentarias –descontando que el primer ministro que fue nombrado por Sarkozy dimitirá- con lo que hasta Junio no habrá una mayoría clara y el otro también deberá convocar a los votantes pero no puede hacerlo –por ley- hasta septiembre. Y aunque Holanda llegó ayer in extremis a un acuerdo multi-partidista para intentar conseguir el objetivo de déficit en 2013, en ambos, partidos radicales -uno claramente anti-europeísta y otro que no quiere que los holandeses hagan más sacrificios por culpa de pertenecer a la €zona- pueden ser claves. Incluso BCE se ha rendido y ha dejado de comprar bonos y considera que con los LTRO ya ha cumplido y que ahora son los políticos lo que deben actuar y en parte tienen razón aunque parece incomprensible que, tal y como está el tema, no gasten el cartucho de bajar los tipos de interés casi al 0%. Su efecto sería muy limitado pero en situaciones desesperadas hay que utilizar todos los recursos.

En resumen, Europa sólo sabe ganar tiempo a costa del contribuyente (como hizo con Grecia) pero no resuelve problemas y está en recesión. Dos países del “núcleo duro” están inmersos en procesos electorales donde subirán las opciones más anti-europeístas luego será aún más complicado que se tomen las decisiones que hacen falta, tanto para cambiar la estructura (por ejemplo, el mandato al BCE) como para primar la solidaridad entre los países contra el deseo de los votantes nacionales ante el riesgo de perder sus votos. Lo único positivo es que si la €zona se rompe, aunque sea negativo para todos, será mejor para España que el que nos echen, siempre es mejor pertenecer a un grupo de apestados que ser los únicos. En cualquier caso, siempre queda la esperanza en que los actuales dirigentes europeos actúen con responsabilidad…cosas más raras se han visto.

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