Villarriba yVillabajo fue una serie emitida en el año 1994 en TVE1, se inspiró en una campaña publicitaria del lavavajillas Fairy, en que se representaba la rivalidad entre dos localidades vecinas de ficción que están unidos geográficamente pero separados administrativamente. Comparten la plaza, la fuente y el bar, aunque cada uno pertenece a una Comunidad Autónoma distinta.

Aunque me quede con las ganas, no tiraré por lo absurdo de su figura administrativa que tan bien se podría aplicar a los problemas de hoy en día, intentaremos ver como están actualmente Villarriba y Villabajo.

Primero conozcamos un poco la economía de estos pueblos y vamos a simplificarla un poco. La tierra es su único activo capital y sus comunidades son primitivas, por lo que solo necesitan alimentos y solo producen alimentos. Trabajando ocho horas diarias cada habitante puede producir los alimentos suficientes para mantenerse a sí mismo. Y durante mucho tiempo así es como han sido las cosas. En cada pueblo todos trabajan las ocho horas diarias, lo que significa que son autosuficientes.

Finalmente, los laboriosos ciudadanos de Villarriba deciden ahorrar e invertir, y comienzan a trabajar 16 horas al día. De este modo continúan viviendo de los alimentos que producen durante las ocho horas de trabajo, pero comienzan a exportar una cantidad igual a su único destino comercial, Villabajo.

Los ciudadanos de Villabajo se quedan estáticos frente al cambio de las cosas, puesto que pueden vivir su vida sin esfuerzo, pero comiendo igual de bien que siempre, para los Villabajos, no les parece dañino. Todo lo que quieren los Villaribos cambio de sus alimentos son bonos de Villabajo .

A lo largo del tiempo, Villarriba acumula una gran cantidad de esos bonos, que básicamente representan cheques de reclamación sobre la producción futura de Villabajo. Algunos expertos en Villabajo ven como se acercan los problemas. Ellos prevén que para los Villabajos, tanto comer o simplemente pagar la deuda que están acumulando les costará finalmente el tener que trabajar más de ocho horas al día. Pero los residentes de Villabajo no están por la labor de hacer caso a dicha predicción de mal agüero.

Mientras tanto, los ciudadanos de Villarriba están empezando a ponerse nerviosos. ¿Cómo de buenos son los pagarés de una isla de holgazanes? De modo que los Villarribos cambian su estrategia: Aunque siguen conservando algunos bonos, la mayoría se los venden a los residentes de Villabajo con algún descuento y usan los beneficios para comprar tierra de Villabajo. Y finalmente, los Villarribos poseen toda la tierra de Villabajo.

En ese momento, los Villabajos se ven forzados a hacer frente a una horrible ecuación: Ahora no solo deben trabajar ocho horas al día para comer, no les ha quedado nada para comercializar, sino que también deben trabajar horas adicionales para pagar su deuda y para pagarle a Villarriba el alquiler por la tierra vendida de forma tan imprudente. De hecho, Villabajo ha sido colonizada utilizando la compra en lugar de la conquista.

Por supuesto que es posible argumentar que el valor actual de la producción futura que Villabajo debe enviar siempre a Villarriba  solamente se iguala a la producción que prestó inicialmente Villarriba y que por lo tanto es un trato justo para ambos. Pero como una generación de Villabajos lo tiene gratis y las generaciones futuras pagan perpetuamente por ello, hay, en la jerga de un economista, “desigualdades intergeneracionales” bastante dramáticas.

Pensemos en términos de una familia: Imaginemos que yo, Warren Buffet, puedo conseguir los suministros de todo lo que consuma con pagarés legales de la familia Buffet que deberán pagar en bienes, servicios y con intereses añadidos, mis descendientes. Esto se puede ver como un intercambio comercial efectivo entre la unidad familiar Buffett y sus acreedores. Pero, las futuras generaciones de Buffetts posteriores a mi seguramente no aplaudan el trato.

Pensando de nuevo en los pueblos: Tarde o más temprano, el gobierno de Villabajo, al verse enfrentado a pagos incluso mayores para pagar la deuda, podría decidir adoptar políticas altamente inflacionarias, es decir, emitir más moneda para disminuir el valor de cada uno de sus bonos. Después de todo, el gobierno argumentaría que esos irritantes bonos de Villabajo son reclamaciones específicas sobre un número determinado de su masa monetaria, no sobre cantidades de un valor específico. En resumen, hacer que la moneda de Villabajo tenga menos valor facilitaría el problema fiscal de la isla. Por decirlo de alguna manera, les debo 1 millón de Abajoeuros, pero antes con un Abajoeuro comprabas una docena de manzanas, y ahora sólo una.

Como véis, es normal que al final todos los domingos los de Villarriba acabasen haciendo una enorme paella…. menos mal,  que los de Villabajo al menos pueden darle a la máquina de imprimir billetes, para hacerse un arroz hervido.