Imagina que visitas al doctor, te detecta una enfermedad y te dice que te quedan entre 5 y 10 años de vida. Te dice que no vas a sufrir grandes dolores ni mal estado hasta entonces, pero que la muerte será repentina cuando llegue. ¿Cómo vivirías hasta entonces? ¿Qué cambiarías de tu vida y cómo lo harías?

Esta pregunta no la hace un psicólogo, ni un filósofo,  es una de las que hace un planificador financiero estadounidense llamado George Kinder a todos sus posibles clientes. Necesita entender cómo se enfrentarían a la definitiva situación para conocer bien sus verdaderos objetivos vitales y adecuar a los mismos la estrategia de sus ahorros e inversiones.

Quizá dentro de poco a Kinder no le haga falta poner a sus clientes en un entorno imaginario, sino que directamente podrá decirles la fecha orientativa de su fallecimiento.

Una empresa española de nombre anglosajón, Life Length, cofundada por María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y participada entre otros por la Fundación Botín, ofrece a los particulares la posibilidad de someterse a unos test para conocer su edad biológica aproximada.

En estos análisis los científicos de Life Lenght miden los telomeros, una parte de los cromosomas que guarda información esencial sobre la vida aproximada de nuestras células. Claro, no son tampoco una bola de cristal y por lo tanto no te dicen que la semana que viene te va a atropellar un coche o te va a caer una teja en la cabeza.

Los estudios dan ahora sus primeros pasos y muchos científicos dudan de que se deban tomar demasiado en consideración. Pero supongamos por un momento (o en lo que lees este post y en un ratito posterior de reflexión), que efectivamente se demuestra cierta correlación entre estas pruebas y la duración de las vidas de quienes se han sometido a ellas. ¿Nos haría esto mejores inversores? ¿Ahorraríamos mejor para nuestra jubilación? ¿Realmente tiene que ver una cosa con la otra?

Parece que, por lo menos, sí nos podría ayudar a tener más en consideración nuestras pensiones. Uno de los problemas que tenemos cuando miramos al futuro, y sobre todo cuando no somos demasiado mayores, es que vemos como algo aparentemente muy lejano y abstracto nuestra muerte.

Si tienes la suerte en estos tiempos que corren de ahorrar un dinero, en el dilema sobre si reservar algo para cuando nos jubilemos o gastarlo en algo concreto ahora, elegimos lo más cercano, aquello para lo que ya tenemos una fecha concreta o un destino concreto. Es decir, si dudo entre comprarme un BMW en diciembre o meter esto en un plan de pensiones, lo más normal es que el dinero acabé sobre ruedas.

Sin embargo, si en el análisis de tu duración de vida te dicen que tu fecha aproximada de muerte estará entre los 85 y los 90 años, y te gustaría mantener tu estilo de vida una vez dejes de trabajar… Quizá te lo pienses mejor. Esa certidumbre relativa te hace pensar en que tendrás que tener ingresos para vivir bien durante por los menos 20 o 25 años después de retirarte. Y que entonces necesitarás tener una cantidad ahorrada mayor o menor en función de tus pretensiones.

Y ya sabes, y si no te lo digo yo en este post, que con el dinero que ahorramos para pensiones en la actualidad no nos va a llegar. Según un estudio publicado por EFPA España, la asociación de planificadores y asesores financieros, la cuantía media que tienen los españoles en sus planes de pensiones individuales apenas supera los 7.000 euros y sumando los planes de empleo no llegaría a los 9.000 euros. Es decir, si ahora mismo se jubilaran todos los españoles, percibirían de media tan sólo 9.000 euros para todos sus años de jubilación (entre 15 y 20 años, aproximadamente) de los planes privados.

A esto habría que sumar teóricamente los casi 70.000 millones de euros del Fondo de Reserva de la Seguridad Social… Sí, ese que está invertido en un 88% en deuda pública española… Pero la foto tampoco mejoraría mucho.

Además, la demografía también va en nuestra contra. La tasa de natalidad registrada en 2010 es la más baja desde 2003, con 10,5 nacimientos por cada 1.000 habitantes. Mientras, la esperanza de vida no deja de aumentar: hasta los 82 años de media. Dentro de 40 años, por cada 10 personas en edad de trabajar, habrá casi 9 personas potencialmente inactivas; es decir, casi el doble que en la actualidad.

¿Nos ayudará a afrontar este futuro complejo que nos espera conocer nuestra fecha aproximada de muerte? ¿Nos hará más capaces de pensar en concreto en cómo nos plantearemos en nuestra jubilación y cómo y con qué medios viviremos desde entonces hasta el día de nuestro fallecimiento? Más nos vale considerarlo, porque aún con la crisis que tenemos encima que nos obliga a vivir casi sólo pensando en el presente, ignorar el futuro que nos esperará puede ser letal para la calidad de nuestra vejez.

Vicente Varó, Community Manager de Unience