La bolsa ¡qué no se habrá escrito acerca de ella! Y sin embargo siguen saliendo textos que merece la pena leer y a la vez sigue habiendo aspectos que yo echo de menos. Por ejemplo, creo que en general se desprecia una y otra vez el factor más importante: la psicología, tanto del que invierte como de la masa que mueve las cotizaciones con su optimismo y su miedo. “Si usted pensó que las decisiones económicas que toma están modeladas por la razón, está muy equivocado. La emoción siempre va primero. La literatura científica está llena de experimentos que lo demuestran”. Por eso cuando alguien me dice que quiere iniciarse en bolsa siempre le digo que antes debe evaluar

A)   Su nivel de compromiso

B)    La intención que tiene.

   Me explico: el nivel de compromiso es necesario porque no sólo es importante el dinero que se va a utilizar, aún lo es más conocer el tiempo que pretende dedicar. Ese puede ser el factor que determine el tipo de operativa (si de corto o medio plazo) y los productos (contado, futuros, cfds…) que más le convienen. No debemos olvidar que con la volatilidad actual, incluso un inversor bursátil esporádico, puede arriesgar en unas horas el sueldo de todo el mes…y eso son muchos madrugones.

Y cuando me refiero a la intención, intento saber si la persona que se quiere meter en el mundo de la bolsa tiene como principal objetivo ganar la mayor cantidad de dinero posible o distraerse. Y aunque la respuesta parece muy obvia no lo es; este factor es clave porque hay quien disfruta más llevando razón que ganando dinero, o comprando y vendiendo por entretenimiento; hay quien acaba considerando que le falta algo y se aburre cuando no está invertido en algo. En este punto un posible buen inversor se puede convertir en un adicto que opera en exceso y por lo tanto comete más errores. El análisis fundamental, el técnico, las pautas estacionales…ninguna de estas herramientas servirá si no tenemos disciplina psicológica. Y en eso entran muchos factores, por ejemplo algo tan básico como el alcohol o cualquier tipo de drogas, igual que influyen mucho en nuestro riesgo conduciendo, también inciden en la operativa, sobre todo si es de trading rápido. A mi me ha pasado que por un dolor de muelas tomé unos días amoxicilina y en ese momento no me di cuenta pero repasando a fin de mes mis operaciones comprobé que esos días había arriesgado más y en productos que no suelo utilizar.

Si se tiene claro que lo que se busca es rentabilidad, entonces se puede ser objetivo y comprar si la tendencia es alcista aunque tu opinión sea bajista: sólo se comprará o venderá cuando haya altas posibilidades de obtener un beneficio, seremos menos impulsivos y eso se traducirá en menos y mejores operaciones porque el primar el dinero sobre los sentimientos permitirá poder cortar las pérdidas y dejar correr las ganancias. Como he dicho muchas veces la clave está no en acertar más, sino en ganar más cuando se gana que lo que se pierde cuando se pierde. El método de inversión del idolatrado Warren Buffet, de comprar “un buen valor” y olvidarse, no es posible para un individuo normal ya que sólo un multimillonario de su edad puede permitirse algo así, el resto no, y si vemos un gráfico del Nikkei o de Bank of Ireland o de Colonial o de Kodak es fácil entender por qué.

Teniendo esto claro ya se puede hablar de métodos de inversión o de productos y aprovecho para explicar algo sobre los futuros: son un producto de riesgo porque al permitir con poco capital un apalancamiento muy grande (con 9 mil euros puedes comprar un futuro del Ibex que es el equivalente –a un precio de 9 mil- a invertir 90 mil euros) las pérdidas pueden ser enormes (un -1% se convierte en un -9%) pero también es cierto que gracias a ello se pueden tomar posiciones más controladas que las de contado. El riesgo lo pone la forma de utilizarlos, no el producto en sí. A nivel operativo, los futuros ofrecen otras posibilidades que pueden traducirse en un menor riesgo como las operaciones muy rápidas -que sólo pueden ser rentables gracias al apalancamiento que los futuros permiten- o la facilidad para la operativa basada en diferenciales, que pueden dar un buen beneficio con un riesgo menor. Por ejemplo, comprar BBVA y vender Santander o comprar oro y vender plata…de hecho este año grandes inversores que han ganado mucho dinero con el diferencial entre el petróleo Brent y el de Texas sin tener que preocuparse de si el crudo subía o bajaba. En general, no hay mayor riesgo –si excluimos la quiebra del valor en el que operemos- que el direccional: que compres y baje o que vendas y suba, por eso no se deben excluir otras opciones. Los futuros tienen muy mala fama porque se les considera responsables de la alta volatilidad. No es cierto, antes de existir ya se movían mucho las cotizaciones tanto de la bolsa como del crudo como de la plata y segundo, productos sin posibilidad de cobertura en futuros como las cebollas son mucho más volátiles. Lo que sí producen es grandes desastres económicos a los que no ejecutan los stop-loss pero como ya dije es cuestión de la persona, no del producto. Además, los futuros sobre deuda pública, ayudan a dar liquidez a ese mercado, tan necesario para los países y pueden ser utilizados incluso como derivados para cubrir catástrofes climatológicas.

Por último, volviendo al tema de la actitud, hay que ser humildes con las ganancias –la suerte siempre es un factor- y asumir las pérdidas con resignación, sin echar las culpas a otro que no sea uno mismo. A día de hoy todos sabemos que en los mercados estamos comprando o vendiendo a otros que probablemente tengan más dinero y mejor información y herramientas que nosotros y esas son las reglas que hay…si crees que hay trampa en este desajuste entre unos pocos y el resto, quizás deberías seguir el consejo de François Mauriac que dijo una vez “No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa”